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Los Casi Famosos

Historias reales de periodistas reales en un mundo irreal

Autor

Carlos Vega

Al maestro con (mucho) cariño: ¡felices 50, Meraz!

“Recuerdo cuando era aquel adolescente que corría desnudo por la pradera”

“Estoy muuuuuy cabrón”

“Me sorprendo a mí mismo”

“Te quiero, inclusive a pesar de ti mismo”

Carlos Meraz.

POR CARLOS VEGA

A Carlos lo conocí, de nombre, en julio de 1997. Tras haber sido categóricamente rechazado por el periódico Reforma para participar en su célebre curso de redacción -que muchos consideraban como una especie de pase semiautomático para ingresar a las fuerzas laborales del diario-, mi premio de consolación fue una invitación de su parte para integrarme a su equipo de cobertura de las primeras elecciones a jefe de gobierno de la ciudad de México. Tú nos vas a ayudar con el distrito XII, me dijeron, y cualquier anomalía o actividad extraña la reportas a este pin, que es el beeper del reportero Carlos Meraz.

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Don’t Believe The Truth (o la decepción con los Gallagher)

POR CARLOS VEGA

La tercera vez que Liam Gallagher se levantó del sofá colocado al fondo de uno de los salones del lujoso hotel Four Seasons de la Ciudad de México, fue para poner “I Want You (She’s so Heavy)”, de The Beatles, en el CD player que estaba al otro extremo del salón. Para entonces, yo estaba muriéndome del aburrimiento y a punto de abandonar el lugar, pero decidí esperar a que terminara la canción -una de mis favoritas de los Fab Four-, y de paso acabarme mi cuarto gin and tonic de la noche.

Un par de horas antes, Liam, su hermano Noel y los demás integrantes de Oasis habían concluido su gira mundial Don’t Believe The Truth ante cerca de 20 mil personas en el Palacio de los Deportes de la capital azteca. Tras poco más de dos horas de concierto, el cover de “My Generation”, de The Who, puso punto final a una gira que a lo largo de casi un año había pasado por Europa, Asia, Norteamérica y Sudamérica, para tener su última parada en México.

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Lora, los gremlins y el gas

POR CARLOS VEGA

La piscina del Hotel Delano en Miami Beach es célebre por su tamaño y su diseño que emula los magnos baños romanos, pero sobre todo por las pool parties que ahí se llevan a cabo. De ocurrir todo como el diablo manda, tales fiestas pueden terminar en algo muy cercano a lo que pasa en un video de hip hop o en una celebración de spring breakers. Eso me advirtieron en 2002 algunos enterados de la vida nocturna en South Beach cuando les conté que mi amigo y colega Eduardo Martínez y yo nos hospedaríamos en ese hotel durante nuestra estancia en la “Ciudad del Sol”, con motivo de la cobertura de la primera entrega de premios MTV VMA Latinoamérica.

Interesado siempre por las ofertas culturales de las ciudades que visito, y siguiendo el consejo recibido, el mediodía del miércoles 23 de octubre de ese año – un día antes de la ceremonia de premios -, Lalo y yo decidimos ir directo a la piscina apenas registrarnos. A pesar de que aún era temprano, pensamos que por el hecho de que ahí se hospedaban todos los invitados a los premios, seguramente alguna celebración habría ya en el lugar.

Mientras bajábamos por el ascensor, en mi mente no dejaba de sonar la canción “Escuela de Calor”, de Radio Futura, especialmente esa parte en la que Santiago Auserón canta: “En las piscinas privadas, las chicas desnudan sus cuerpos al sol…”. Esto mientras Lalo soltaba nombres sobre algunas posibles famosas que “seguramente” estarían ya iniciando la fiesta metidas en el agua, enfundadas en diminutos bikinis, tomando algún coctel “chic” y contoneándose al ritmo de los beats de algún DJ de moda. “Güey, seguro va a estar la Shakira, se ve que le encanta broncearse. ¡O Ely Guerra, güey, no mames! Aunque seguro va con Tito, qué hueva. Bueno, ya de perdida que esté la Paulina, seguro se empeda y termina en bolas… Es decir, en huesos”. Seguir leyendo “Lora, los gremlins y el gas”

Cerati, la entrevista perdida

POR CARLOS VEGA

Gustavo Cerati nunca fue mi amigo. Me hubiera encantado, pero no lo fue. Lo entrevisté cuatro veces en un periodo de siete años (de 1999 al 2006), pero nunca se acordó de mí ni de mi nombre, por lo que cada vez tenían que presentarme: “Gustavo, él es Carlos”. “¿Cómo va, Carlos? ¿Todo bien?”… Aunque eso también tenía su encanto porque cada vez era como la primera.

La última vez que me “presentaron” con él fue el mediodía del miércoles 9 de agosto del 2006. De visita en Miami con motivo de la gira Ahí Vamos, me encontré con el maestro para entrevistarlo, aunque más que entrevista fue una amena charla sin presiones de tiempo en la que empezamos hablando de su disco y del rock, y terminamos hablando de Shakira.

Las veces que lo entrevisté siempre lo traté más con respeto que con admiración, sin que lo segundo dejara de asomarse de vez en cuando. Con el paso del tiempo uno va apagando las veladoras que de adolescente se pusieron en el altar, por lo que cada vez que me encontré con él me aseguraba de dejar en la puerta de entrada los residuos de aquel amor puberto de música ligera. Será por eso que nunca le pedí un autógrafo o una foto, aunque sinceramente me arrepiento de no haberlo hecho.

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Casi Famosos

“Caray, te hiciste amigo de ellos. Mira, la amistad es como el alcohol con el que te emborrachan. Quieren que te emborraches con la sensación de pertenencia… Sé que piensas que son tus amigos. ¿Quieres que te consideren un verdadero amigo? Entonces sé honesto y despiadado”. Lester Bangs (Philip Seymour Hoffman) en Almost Famous.

POR CARLOS VEGA

Siempre lo supimos, pero nunca hicimos caso. Y nunca hicimos caso porque se sentía bien. Ser su amigo era ser parte, de alguna manera, de ese mundo de fama, de popularidad, de sexo, drogas y rock and roll. Ya fueran cantantes, músicos, productores, actores, directores, deportistas… Pero de los buenos, de los macizos, no pendejadas; con muchos hicimos amistad. Con ellos tomamos y brindamos con la bebida de “pertenencia”; nos emborrachamos y nos sentimos bien. Oh, sí.

Y es que, ¿quién no va a querer eso? ¿Quién, en sus cinco sentidos -o en sus tres, o en sus dos, dependiendo la ocasión-, va a negarse a esos momentos en los que el “off the record” se enciende y todo lo que pasa y se dice, en realidad nunca pasó ni se dijo? (era pre redes sociales) ¿Quién querría siquiera evitar caer en la tentación de cambiar el gafete de prensa por el de “all access”? “Él pasa, viene con nosotros”. Palabras mágicas.

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