POR JORGE ÁVILA

Para los que pertenecemos a la Generación X, Luis Miguel es más o menos el equivalente a lo que José José es para la generación de nuestros padres, los Baby Boomers: un artista con una voz privilegiada, cuyas canciones prácticamente todos hemos cantado -aunque se niegue- ya sea para sobrellevar una decepción amorosa o durante una buena bacanal, y cuya vida ha estado ligada, irremediablemente, al escándalo. Esta clase de artistas suele tener, por consecuencia, un arraigo especial con la gente ya que a final de cuentas representan, por una parte, lo que muchos quisieran ser y, por otra, lo que somos: la parte humana, falible, oscura.

En otras palabras, todos hemos tenido un momento en el que las canciones de Luis Miguel han representado algo en nuestras vidas, independientemente de que al tipo se le llegara a odiar por la imagen de prepotencia y altanería que siempre ha transmitido. Ya fuera porque le gustaba a la chica por la que morías, o porque en las buenas fiestas de finales de los años 80 no podían faltar sus canciones o, como en mi caso, porque durante mi luna de miel las canciones de El Sol acompañaron -de manera accidental- a uno de los mejores momentos de mi vida, el hecho es que en México el nombre y las canciones de Luis Miguel forman parte de la cultura popular, nos guste o no.

Diego Boneta como Luis Miguel. Foto: Netflix

Entonces, no es difícil entender el porqué desde hace unas semanas, todos los domingos en la noche en Twitter, y los lunes en la mañana en las oficinas, escuelas, cafés, etcétera, la única plática que existe es acerca de lo que pasó en el más reciente episodio de Luis Miguel: La Serie, la producción de Netflix y Gato Grande que se ha convertido en un fenómeno y que ha vuelto a poner al cantante en boca de todos, cuando parecía que su carrera estaba acabada desde hacía algunos años.

Una de las reglas no escritas del periodismo es que el morbo vende, y en el caso de Luis Miguel éste siempre había tenido un gran hermetismo acerca de su vida privada. De él se sabían ciertas cosas: que si fue papá muy joven (embarazó a Stephanie Salas, dando como fruto a su hija Michelle), que si su mamá desapareció sin dejar rastro o que si su matrimonio con Aracely Arámbula dejó dos hijos más a los que, según esto, nunca ve. Pero el resto de su vida pertenecía al mundo de la leyenda, del “dicen que”… al menos hasta ahora.

Bendecida por él mismo (tiene un crédito de productor ejecutivo), la serie sobre su vida se ha convertido en parte de la conversación nacional por una simple razón: la otrora inalcanzable estrella abre las puertas de su intimidad para que se le conozca como es. O al menos la parte que a él le conviene y quiere dejar ver acerca de su vida. Para una sociedad actual que juzga y “busca verdades” a través de las redes sociales y el Internet, el hecho de que el propio artista sea quien cuente su historia es simplemente oro molido.

Izan Llunas como Luis Miguel de niño. Foto: Netflix

La serie, al menos en esta primera temporada, se centra en dos momentos básicos en su vida: el inicio de su carrera (1981-1982), cuando todavía como niño inició su ascenso a la fama, y la época en que se convirtió en una superestrella juvenil (1987-1988). Con estupendos elementos de producción y muy sólidas actuaciones de sus protagonistas principales (Izan Llunas como Luis Miguel niño; Diego Boneta como LM adulto, y Óscar Jaenada como su padre, Luis Rey), Luis Miguel: La Serie puede ser vista desde dos ángulos: o como un estupendo movimiento de marketing para revivir la alicaída carrera del cantante (a final de cuentas medio mundo está hablando de él y las reproducciones en streaming de sus canciones se han ido a las nubes), o bien como un relativamente honesto proceso de exorcismo de los demonios emocionales que lo han atormentado durante casi toda su vida. Lo más probable es que sea un poco de ambos.

En la historia del espectáculo son más que conocidas las fuertes historias de las estrellas infantiles y juveniles que, detrás de su apariencia fresca e inocente, ocultan verdaderas historias de terror en las que el abuso y la explotación por parte de sus padres o managers los han llevado a cargar un peso que, de manera casi irremediable, les ha jodido la vida.

Aquí Luis Miguel lo que pide, aparentemente, es que se le comprenda y se le vea como una persona común. Por eso aceptó -claro, de manera también muy conveniente para su propia imagen- que se mostraran los abusos a los que fue sometido por su padre, el famoso Luisito Rey, quien proyectó sus limitaciones y frustraciones de una mediocre carrera en el hijo, llegando incluso a drogarlo para que pudiera cumplir con los compromisos que le dejarían dinero.

Y lo más importante y que aparentemente es el gran tema en su vida: la desaparición inexplicable de su mamá, Marcela Basteri, de quien prácticamente no se sabe nada desde 1986, dando lugar a decenas de especulaciones. Más allá de si Luis Miguel vivió una vida llena de excesos al lado de varios personajes de la farándula mexicana, el punto medular de la serie es que el cantante y sus actitudes son, en buena medida, producto de un trauma infantil y familiar que no ha podido superar.

Oscar Jaenada interpreta a Luis Rey, padre de Luis Miguel. Foto: Netflix

Con una muy buena parte de ficción y gracias a la interpretación de Diego Boneta, cuya expresión es más afable que la del verdadero Luis Miguel, éste es presentado en la serie tanto como un buen hijo que amaba a su madre o a su pareja, así como un tipo irresponsable que pudo haber causado la muerte de una fan, fumador, bebedor y altanero, producto de la explotación y malos tratos por parte del padre (revelación hasta cierto punto tendenciosa, pues se le carga la mano de todas las desgracias al papá, quien ya no vive para defenderse). Al menos ese acto de contrición, en el que pasa de ser la estrella inalcanzable a abrir un poco la puerta a su vida privada, se le agradece.

Finalmente, el éxito de Luis Miguel: La Serie radica en que no está basada en una biografía no autorizada de su vida, sino que es el propio cantante quien acepta revelar cosas muy íntimas, de las cuales varias no lo dejan muy bien parado. Como estrategia de marketing, en una época en la que decenas de celebridades han tenido que dar la cara aceptando sus errores y sus abusos (principalmente en el aspecto sexual), la serie le ha funcionado de manera perfecta a Luis Miguel, quien ahora es visto con otros ojos. Como acto de honestidad y apertura también le ha funcionado de maravilla, aunque habrá que tomar muchas cosas con cierta reserva.Sin embargo, cada domingo por las próximas semanas, ahí estarán los memes y los miles de comentarios acerca de la serie porque… ¿quién no ha tenido un “momento Luis Miguel”?

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