POR JORGE ÁVILA

Hoy se cumplen ocho años de que el mundo del entretenimiento se enterara de una de las noticias más impactantes en su historia, sólo comparable con la muerte de Elvis Presley o el asesinato de John Lennon: el fallecimiento de Michael Jackson, el autodenominado Rey del Pop. Este posteo no pretende analizar la carrera de Jackson o sus múltiples escándalos, sino recordar el que quizá es el momento más importante que me ha tocado vivir como periodista, pues fue uno de esos días en los que se mostró cómo el trabajo en equipo es capaz de lograr cosas espectaculares en muy poco tiempo.

En ese entonces, un servidor trabajaba como coeditor de CIRCO, la sección de espectáculos del Diario Deportivo Récord, y si bien con el tiempo hay detalles que se van olvidando, lo que recuerdo perfectamente es que ese día la noticia de que algo le había pasado a Jackson comenzó a correr como reguero de pólvora en Internet (era una época en la que Twitter y Facebook apenas comenzaban), pero no había nada oficial. Es decir, no había una confirmación del hecho publicada por una agencia seria (AP, Reuters, AFP, etc.) 

El primer sitio que publicó la noticia fue TMZ, que en aquel tiempo era el principal portal donde se podía uno enterar de los chismes de las celebridades de Hollywood. Por supuesto, una gran mayoría de lo que publicaba era falso (uno de los precursores de las ahora tan famosas “fake news”) , pero ese día fue el primero que había dado a conocer, más o menos entre las 15:00 y las 18:00 horas de ese jueves, 25 de junio de 2009, que Michael Jackson había muerto.

Desde que comenzó a circular la noticia de que algo pasaba, el equipo editorial de CIRCO, integrado por Daniela Nuño como editora, Nora Marín, Victoria Tapia y un servidor, estábamos con la señal de alerta por lo que pudiera pasar. Yo, en particular, estuve recorriendo la red de arriba a abajo buscando confirmar lo que estaba pasando, y con la esperanza, cierto, de que no muriera, de que no pasara una tragedia (Rodrigo Morlesin, nuestro editor de diseño, comentó, quizá un poco antes, que la cadena nipona NHK ya había dado por muerto a Jackson, pero… nadie le creyó).

Portada de Récord del viernes 26 de junio de 2009.

Pero sí pasó, y cómo suele ocurrir con las muertes importantes de famosos, no se confirmó a una hora adecuada para el cierre editorial, por lo que hubo que rehacer la edición. En cuanto todos nos dimos cuenta de que era un hecho, prácticamente todo el equipo del diario -y cuando digo todo me refiero no nada más a los editores de CIRCO o a nuestros reporteros, sino a quienes lo dirigían en ese entonces: Alejandro Gómez, Víctor Edú, Iván Pirrón, José Antonio Cortés e, incluso, compañeros de otras áreas que nada tenían que ver con espectáculos, como Francisco Sánchez y varios más- nos encerramos en la sala de juntas para definir qué íbamos a hacer, pues la muerte de Jacko no sólo iba a publicarse en CIRCO, sino en la portada (y contraportada) de Récord. 

Ese día la portada de la sección era la muerte, en la misma fecha, de Farrah Fawcett, el ícono sexual de los años 70 gracias a Los Ángeles de Charlie y sus entonces espectaculares pósters que alborotaban las hormonas de los pubertos de la época. Pero Michael Jackson era Michael Jackson. Y más porque tenía muy pocos días que éste había dado una conferencia en Londres para anunciar que llevaría a cabo una serie de 50 conciertos en la Arena O2 de esa ciudad, en lo que se esperaba que fuera su gran regreso a los escenarios.

La decisión no fue sencilla, pues la edición, de entrada, se iba a rehacer de cero (bueno, casi, porque la nota de Farrah se fue en la última página de la sección), además de que se iba a crecer al doble (de 8 a 16 páginas). Era el buen periodismo de antaño, en el que se analizaba el impacto de la noticia, se confirmaban fuentes y se repartían los temas que se pensaban publucar: la muerte, sus causas, las reacciones, su historia, su impacto, sus problemas, su visita a México y un larguísimo etcétera, y cada quien se dedicó a investigar, reportear y escribir sobre el tema que le había tocado. Yo era el que más había estado revisando diversas fuentes, por lo que me encargué de la nota principal. El problema es que el tiempo nos comía, pues la edición se tenía que ir a planta, si no a tiempo, al menos no tan tarde. 

Por si fuera poco, le pedimos un bomberazo (como suele llamarse en periodismo a las peticiones de última hora) a los columnistas que teníamos en ese entonces en CIRCO: Sopitas, Julio Martínez y Jesse Cervantes. Pero todos, absolutamente todos los que participamos ese día en la edición trabajamos de manera espectacular. A pesar de la presión del tiempo, del impacto de la noticia en sí, y de que no era sencillo trabajar con la adrenalina hasta el tope, logramos sacar una edición que ningún diario nos igualó al día siguiente. Al menos no ese día.

Lo que más se me viene a la memoria -además del hecho de que yo no podía creer la noticia, pues desde siempre fui fan de MJ- fue la manera en que los que estábamos a la cabeza logramos lidiar con la presión y sacar adelante un trabajo como pocas veces suele ocurrir. 

En este sentido, y a ocho años de distancia, recuerdo con mucho orgullo varias cosas: primero, el trabajo de los reporteros que estaban ese día al pie del cañón, entre los que se encontraban Mario Almaguer, Christian de la Luz, Fabiola Ávila y Alberto Castillo; segundo, la confianza que depositaron nuestros directivos en los editores de CIRCO, así como la ayuda de los compañeros de otras áreas quienes, sin deberla ni temerla, buscaron datos, fotos y fueron de una ayuda increíble; tercero, el trabajal que se aventó nuestro equipo de diseño, liderado por Rodrigo Morlesin, que tuvo que revisar cientos de imágenes para ver cuáles daban el tamaño para las notas de interiores y la portada. Y lo más importante, evoco con un gran cariño y admiración el liderazgo de nuestra editora, Daniela Nuño, que en medio del caos que significaba una noticia como esa, confió siempre en el trabajo de Nora, Vicka y de quien esto escribe para sacar adelante la edición.
Como lo comenté al principio, la idea de esta anécdota no era la de hablar sobre Michael Jackson, sino la de hacer una remembranza de cómo su muerte logró, quizá en un momento único, que un equipo trabajara como tal, con tal perfección que, hasta la fecha, es quizá la edición de la que estoy más orgulloso por la manera de reaccionar de todos.

He tenido otras publicaciones quizá más importantes, ya fuera por alguna entrevista exclusiva o por ganarles una nota a otros medios, pero el 25 de junio de 2009 es memorable para mí no sólo por la muerte de uno de los artistas que más he admirado, sino por la lección de trabajo en equipo que pude atestiguar – y ser parte- y que tengo como ejemplo de cómo se deben hacer las cosas. Periodismo del de antes, del que era importante y trascendente. Han pasado ocho años, y aún lo recuerdo casi como si hubiera sido ayer…

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