dae2e727f1a1eba0a0d84e489cfc9999POR CARLOS MERAZ

La canción “Comfortably Numb”, sexto track del segundo disco de la ópera rock The Wall de Pink Floyd, es una cruda radiografía de la ausencia de esperanza en un incierto futuro, donde los sentimientos y valores no tienen cabida, siendo lo único imperante el individualismo a ultranza.

Cómodamente insensible o plácidamente adormecido serían las traducciones al castellano de esta obra maestra de 1979, producto del atormentado genio de Roger Waters dentro del grupo británico, que ahora bien podría ser la banda sonora del siglo XXI y también la del principio del fin de la humanidad, como alguna vez la conocimos o concebimos.

Pero no es que se vaticine una inminente horda de zombies ni mucho menos que sea parte de un versículo del Apocalipsis, sino que el final del hombre parece estar en su mayor depredador, ante el que no hace falta mira telescópica, sino tan sólo un espejo. El mal de la humanidad en esta incipiente centuria es, sin duda alguna, la indiferencia.

Ese estado catatónico —en el que se queda plácidamente inmerso ante sus problemas el personaje de Pink, caracterizado por Bob Geldof en la película Pink Floyd The Wall (1982), de Alan Parker, mientras la vida como su cigarro se consumen frente al televisor—, es el mismo en el que permanecen cada vez más individuos en la actualidad para quienes la palabra semejante no tiene la menor importancia.

Años antes, específicamente en 1940, Charles Chaplin vaticinaría la irrupción de una sociedad deshumanizada en su clásico filme The Great Dictator, con su discurso final: “Nuestro conocimiento nos ha vuelto cínicos, nuestra inteligencia, duros y despiadados. Pensamos demasiado y sentimos tan poco. Más que maquinaria, necesitamos humanidad. Más que inteligencia, necesitamos amabilidad y cortesía. Sin estas cualidades, la vida será violenta y todo estará perdido”.

La peor crueldad en una sociedad deshumanizada sería definida por el premio Nobel de la Paz en 1986, el rumano Elie Wiesel: “Lo opuesto al amor no es el odio sino la indiferencia, lo opuesto a la fe no es la herejía sino la indiferencia, lo opuesto a la vida no es la muerte sino la indiferencia”.

Un par de videos, disponibles en la plataforma de YouTube, nos hacen cuestionarnos qué sentido tiene la presencia del hombre en la faz de la Tierra, si su existencia se limita a la de un placentero voyeur que mira a la nada mientras se dirige con rumbo hacia ninguna parte ante el cuerpo inerte de un infante ahogándose en una piscina colmada de entes, o de una niña que a plena luz de día es atropellada y rematada por una furgoneta y luego hasta un camión le pasa encima, sin que nadie haga nada por ellos, con tal de no interrumpir sus cotidianas existencias.

Ver los escalofriantes videos con millones de vistas, el primero más reciente y el otro de hace un lustro, puede generar desde angustia hasta impotencia ante la cruel indiferencia de seres indolentes ante el sufrimiento del que son testigos.

El primero y más actual sucedió en una piscina en Helsinki, Finlandia, donde un pequeño de cuatro años casi muere ahogado sin que ninguno de los zopencos y acéfalos bañistas “aparentemente” se percaten de ello, aunque no se necesita ser un erudito en natación para saber que sus descompuestas brazadas no son una técnica, sino un intento desesperado por mantenerse a flote y lograr una bocanada. Los demás ni se inmutan y simplemente chapotean o se relajan mientras él se convulsiona.

El otro aconteció en Fosha, al sur de China, donde una pequeña de apenas dos años es arrollada en varias ocasiones, sin que al menos 18 transeúntes (a los que catalogaría como muertos cerebrales) la socorrieran mientras estaba tendida agonizante, en un acto inmisericorde que en su momento conmocionó a la sociedad china y el mundo entero.

Esa horrible pasividad de los chinos se debe a que los ciudadadanos temen que el Estado los considere responsables de las lesiones que presenta la persona a quien están tratando de asistir y, por ende, al buen samaritano se le declare responsable del tratamiento médico de por vida.

Ante estos penosos registros visuales poca fe queda en la humanidad y sólo nos resta preguntarnos: ¿Qué tanta “urgencia” puede tener un sujeto sin tiempo para ayudar a un semejante en aprietos? Quizá muy poca o incluso nada, pues, como dijera el personaje de la vida real Billy Hayes —interpretado por Brad Davis en el filme Midnight Express de 1978 y también realizado por Alan Parker— ante la corte turca clamando piedad: “sé que pedirles eso es como sugerirle a un oso que defeque en el retrete”.

Nadie lo resumiría mejor que la Madre Teresa de Calcuta: “El que no vive para servir, no sirve para vivir”.

Por eso Pink, desencantado de este mundo cruel, le apuesta a la pasividad en ese trance donde se siente a gusto alejado de la realidad.

The child is grown/ the dream is gone/ I have become comfortably numb… (El chico creció/ el sueño se ha ido/ me he vuelto confortablemente adormecido). Hello? Is there anybody in there? (¿Hola? ¿Hay alguien ahí?).

Lo que hay que leer…

@cmerazd

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