POR JORGE ÁVILA

¿Cómo te despides de tu primer amor, de ese que conociste cuando eras un niño ingenuo, inocente y que por primera vez hizo latir tu corazón? Escribir con el corazón roto es muy complicado. Las emociones suelen nublar a la razón y el sentimiento está a flor de piel. Y hoy es uno de esos días en los que quisiera no hacerlo.

carrie-fisher-as-princess-leia-in-star-wars-episode-iv-a-new-hopePara millones que crecimos, nos emocionamos y dejamos volar la imaginación cuando éramos niños y vimos por primera vez Star Wars en una pantalla de cine, es un día que sabíamos que llegaría en algún momento. Pero quizá esperábamos que ese instante fuera cuando estuviéramos más cercanos al ocaso de nuestra vida, y no cuando todavía estamos en plenitud.

La noticia de la muerte de Carrie Fisher hoy, 27 de diciembre, tiene de luto y con el espíritu ensombrecido a varias generaciones. Y en mi caso muy particular, con el corazón partido. Siempre creí que si iba a haber una muerte de alguien relacionado con Star Wars que me dolería en el alma sería la de John Williams (que afortunadamente todavía no ocurre), pero ahora, con el fallecimiento de Fisher, no pude evitar derramar demasiadas lágrimas de tristeza porque recordé que Carrie forma parte de mi vida desde hace casi 40 años y mi corazón infantil le debe mucho.

fee8661151ba6a61d862c191051b64c0Y tiene lógica. Carrie Frances Fisher fue mi primer amor, ese amor platónico de cuando tienes 10 años de edad y no tienes todavía una idea de qué se trata la vida y todo lo ves de una manera inocente, casi virginal. Y la imagen que dejó Carrie en mi mente y en mi alma con su Princesa Leia era la representación de todo lo bueno y justo, de la lucha por los valores, la justicia y la verdad.

¿Hasta qué punto Leia estuvo hecha a imagen de Carrie Fisher o viceversa? No lo sé, pero lo que es un hecho es que a mediados-finales de los años 70, ver en la pantalla grande a una mujer bella, menudita, que tenía el título de princesa y que, por si fuera poco, era capaz de agarrar un blaster, disparar, comandar y liderar a una rebelión era, además de poco usual en el cine, brutalmente sexy.

Además, Leia no era la típica princesa de Disney con las que crecí, siempre frágiles y en espera del príncipe valiente que llegara a rescatarlas. Ah, y además casi todas eran rubias. No, Leia era diferente. Con su bello color de cabello castaño al igual que sus ojos, y una actitud que la hacía ruda, determinada y fuerte, pero sin perder lo femenina, era imposible no enamorarse de ella.

Personajes posteriores como Ellen Ripley, de Alien, o todas las demás mujeres fuertes que aparecieron posteriormente en la pantalla grande le deben enormidades a Leia, quien fue la que puso el ejemplo. Pero quien le dio vida, voz y unos ovarios bien puestos fue Carrie Fisher, de quien después supe que en realidad era una princesa, pues formaba parte de la realeza de Hollywood: su madre es la increíble Debbie Reynolds, a quien amo en particular gracias a una de mis películas favoritas de toda la vida, Singin’ in the Rain, mientras que su padre fue el legendario cantante Eddie Fisher, quien después abandonó a Reynolds para casarse con Elizabeth Taylor.

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Carrie siempre me acompañó a través de la saga de Star Wars durante la época más complicada de mi vida: la adolescencia de un chico con el padre ausente. Su Princesa Leia no era solamente alguien a quien admiraba, sino una mujer que se convirtió, quizá de manera inconsciente, en el prototipo físico de mi chica ideal, así que creo que siempre estuve en búsqueda de mi amada princesa. Obvio también fue uno de mis primeros íconos sexuales gracias al ahora legendario bikini de esclava que portó en El Regreso del Jedi, y pocos años después, disfruté como pocos con su humor ácido, su presencia y su encanto a su personaje en otra de mis películas favoritas: When Harry Met Sally.

Pero si el niño y posterior adolecente la admiraba por esa imagen prístina y casi de santidad que tenía en A New Hope, el respeto y la admiración crecieron más en la etapa adulta, en la que no sólo era uno de los más bellos recuerdos que tenía de la infancia, sino cuando supe que además de actriz era escritora, guionista y una superviviente de los excesos que formar parte de la realeza hollywoodense trae consigo: no sólo era una increíble “doctora de guiones” (como se le llama a quienes ayudan a pulir y darle brillo a una historia), sino una escritora llena no sólo de humor y valentía, sino de una cáustica y divertida crítica al mundo que la encumbró en la fama y que, irónicamente, fue el que terminó por destruirla.

32204cf0ba60c94c972533014b3e47dcCarrie fue exactamente lo que se esperaba de un personaje como Leia: fuerte, determinada, valerosa y decidida a terminar con los demonios no del Imperio Galáctico, sino los que la atormentaban día con día: sufrió de desorden bipolar (situación que reconoció publicamente y la llevó a ser una de las grandes luchadoras a favor de la salud mental), depresión, abuso de drogas (LSD y cocaína, entre otras) y muchas cosas más que siempre trató de combatir, cual buena guerrera, a través de la escritura.

Sus libros (Postcards from the Edge y Wishful Drinking son una maravilla) demostraban una actitud hacia la vida que pocas personas tenían, burlándose de la muerte al menos en una ocasión previa, cuando tuvo una sobredosis casi mortal en 1985 después de filmar Hannah y sus Hermanas, de Woody Allen, experiencia que la llevó a escribir Postcards From The Edge. Y en eso nos parecíamos, pues ella solía decir que escribir era mejor que la vida misma, pues le servía de terapia emocional. Exactamente lo mismo que ocurre con quien esto escribe.

Una parte de mi ser siempre sintió pesar y tristeza de saber que su amada princesa tenía una vida complicada. Por ello, su aparición nuevamente en la pantalla grande el año pasado, en The Force Awakens, fue como reencontrarse con ese viejo amor al que siempre quisiste y que sabes que jamás vas a olvidar. Sin embargo, prefiero recordarla como lo que siempre fue para mí: la bella heroína ataviada de blanco capaz de patear traseros a la menor provocación.feature

Estas líneas las escribo con un gran pesar, desde la emoción del niño que todavía se maravilla cuando la ve en la pantalla y que recuerda, con gran cariño y nostalgia, los momentos felices que le hizo pasar.

Gracias, Carrie, por haber sido mi primer amor, por haber llenado muchos de los huecos que tuve en una época difícil y por haber luchado, como toda una Rebelde, hasta el final. Siempre serás mi primera princesa, la que me hizo soñar con grandes aventuras en una galaxia lejana y la que sé que algún día me pondrá una medalla al cuello después de haber salido victorioso tras dar la gran batalla de la vida. Descansa en paz. La Fuerza estará contigo… siempre.

 

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