Por JORGE ÁVILA

El próximo 26 de noviembre se cumplen 25 años del lanzamiento del que fuera el último gran disco del autodenominado Rey del Pop: Dangerous. Casi un par de años antes de que la vida de Michael Jackson cambiara para siempre, tras su gira Dangerous World Tour (que de manera inesperada terminó el 11 de noviembre de 1993 en el Estadio Azteca, donde ofreció cinco inolvidables conciertos y que terminó por el deterioro en el estado de salud de Jackson y las demandas por presunto abuso sexual de menores que lo acompañaron prácticamente hasta el día de su muerte), Jackson le apostó a un nuevo sonido, con el que tenía la intención no sólo de ganarse a nuevas audiencias, sino de demostrar que seguía siendo el Rey del siempre vilipendiado género del pop, luego del descomunal e histórico éxito que obtuvo con sus ahora legendarios álbumes Thriller y Bad. Y lo consiguió: 32 millones de discos vendidos y el reconocimiento casi unánime de la crítica especializada, que en su momento aplaudió el nuevo estilo de Jacko.

michael-jackson-dangerous-world-tour-1992Los temas que expresó Jackson en el que fue su octavo álbum de estudio abarcaron desde racismo, la pobreza, el cuidado del medio ambiente, los celos y su deseo por un mundo mejor, mismos que ya había manejado en sus discos anteriores. Entonces, ¿qué hizo especial a Dangerous? De entrada, que fue el primer disco desde Off The Wall (1979) que no fue producido por el legendario Quincy Jones. Su lugar lo tomó un muchacho que en ese entonces tenía apenas 24 años, Teddy Riley, quien le imprimió a todo el disco un aire fresco y lleno de un estilo nuevo que muchos le atribuyen haber inventado: el New Jack Swing o Swingbeat, que en pocas palabras lo que hacía era fusionar los estilos vocales del R&B con la instrumentación característica del hip-hop o dance-pop de esa época (el uso de sampleos y un patrón rítmico persistente, encabezado por la batería).

Fiel a su costumbre, MJ lanzó el álbum con la maquinaria completa, apoyando a varios de los sencillos que salieron del mismo con sus respectivos videos, en los que hizo gala de las posibilidades que ofrecían los efectos especiales de esa época, en particular los del morphing, que usó en los clips de temas como Black or White (dirigido por John Landis, con quien realizó Thriller) o Remember The Time (realizado por John Singleton) en los que invitó a participar a Macaulay Culkin en el primero y a Earving Magic Johnson, Iman y Eddie Murphy en el segundo.  Si a eso le agregamos una espectacular portada realizada por Mark Ryden -el pintor estadounidense que forma parte del movimiento del Lowbrow o Pop Surrealista-, entonces el paquete estaba completo. Pero más allá de la parte visual, Dangerous destaca por el talento de un Jackson que por momentos se escucha fuerte, agresivo y en otros sutil y delicado. Desde los primeros acordes del tema inicial, Jam (en el que por primera vez en su carrera incluye segmentos de rap, además de la presencia de Michael Jordan), MJ dio muestras de innovación, de apostar al futuro. Con Dangerous, Michael Jackson se adelantó, al menos, cinco años a quienes le siguieron.

No, ya no era el Michael Jackson que asombró al mundo con Thriller o Bad. Con Dangerous se notaba a un artista consumado, maduro, que se atrevió a inventar y reinventarse, a un Jackson adulto, lo que demostraba en temas como Why You Wanna Trip on Me (con una notable influencia de Prince en su introducción), In The Closet o Who Is It. Si bien Dangerous incluye temas destacables como Jam o el que le da título, sobresalen, por supuesto, Black or White, que más allá de que su video levantó controversia por la violencia mostrada en su versión completa, fue el equivalente noventero a Ebony and Ivory, que Paul McCartney y Stevie Wonder hicieran famosa una década antes: un tema de llamado a la unidad, la tolerancia y la hermandad. Y por supuesto, Heal The World, quizá la canción más honesta, real y sentida de Jackson, en la que manifiesta su preocupación por los niños y el mundo que se les quedará a los mismos, al cual hay que curar.

Sin embargo, lo más importante es lo mencionado al principio: Dangerous fue el último gran disco de un gran artista que terminó implotando ante su propio peso y producto de sus excesos. El talento musical de Michael Jackson siempre fue inversamente proporcional a su estilo de vida, sobre todo en las últimas dos décadas de su vida. Después de Dangerous lanzó un par de discos más, HIStory: Past, Present and Future, Book I (1995) que no era otra cosa más que una recopilación de éxitos con uno que otro sencillo nuevo por ahí, y el incomprendido -y francamente olvidable- Invincible, en el que reflejaba ya los traumas y las neurosis que lo acompañaron hasta el día de su muerte (aislamiento, crítica de los medios, preocupaciones sociales, amor y desamor). Hoy, a 25 años, Dangerous queda como el último real testimonio de un artista que cambió el mundo de la música para siempre.

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