Por JORGE ÁVILA

Si una figura femenina en el ámbito artístico de México ha sido al mismo tiempo admirada y criticada es Salma Hayek, de quien indudablemente se pueden escribir páginas enteras que hablen acerca de cómo ha sido la manera en que el público la percibe desde hace,  al menos,  tres décadas.

Salma, más allá de su talento como actriz y empresaria, es capaz de encender grandes pasiones gracias a una belleza cautivadora y a un físico espectacular que hoy, a sus 50 años, es la envidia de muchas veinteañeras; o puede ser blanco de las más fuertes críticas, particularmente por su presunta falta de patriotismo (en ese entonces se le acusaba de ser poco mexicana porque se había ido a vivir fuera del país) y su igualmente mal entendido trato con la prensa nacional.

image

Pero Salma Hayek es mucho más que eso. En este mismo espacio, hace casi un año, el primer texto de Los Casi Famosos que se publicó fue la anécdota en la que compartí cómo mi visión de Salma cambió después de la entrevista que les hice a ella y a Penélope Cruz con motivo de la promoción de la película Bandidas, texto en el que mencioné las estupendas atenciones que la veracruzana me había proferido y el respeto que mostró para mi trabajo.

Al salir de ahí, pensé que además de que había sido una de mis mejores experiencias profesionales, iba a quedar simplemente como una buena anécdota para platicar, pues la posibilidad de volver a platicar así con ella la veía como algo lejano.

Lo que nunca imaginé es que estaba completamente equivocado.

Meses después de la citada entrevista, más o menos entre enero y febrero de 2007, solicité nuevamente platicar con ella acerca del éxito que estaba teniendo en ese entonces en la televisión de EU la serie Ugly Betty, de la cual Hayek era productora ejecutiva. Sabiendo que Salma casi no daba entrevistas telefónicas, pensé que iba a ser difícil hablar con ella. Pero no fue así.

image

Por correo electrónico me avisaron que la plática con ella se iba a realizar en determinada fecha y en tal hora. Llegado el momento, me llamaron por teléfono para avisarme que lo más probable era que la entrevista se pospusiera (entiéndase se cancelaba) porque Hayek estaba enferma de la garganta y no podía hablar, además de que estaba con algo de temperatura y no se sentía bien.

Obviamente pensé que la misma ya no se iba a hacer, pero para mi sorpresa me llamaron como a la hora y esto fue lo que pasó :

– “Te voy a comunicar con Salma. Tienes siete minutos máximo y te suplico que no nos pasemos de eso, porque ella no se siente bien, pero quiere platicar contigo”, me dijo su asistente.

– “Perfecto”, le contesté a sabiendas de que Salma casi no daba este tipo de oportunidades. Para mí, esos siete minutos iban a ser de oro.

– “Hola, Jorge. ¿Cómo estás?”, me contestó ella y sí, se escuchaba ronca, pero con ánimos de conversar un poco.

image

Me llamó la atención que dijo recordarme de la entrevista previa en México (la de Penélope y ella), y quizá por ello los famosos siete minutos se convirtieron en casi 40, en los que hablamos de muchas cosas, lo cual me dio gran material para publicar. Pero lo que jamás imaginé que me iba a decir cuando terminamos nuestra charla y nos estábamos despidiendo fue lo siguiente:

– “Quiero comentarte algo, pero quítame del speaker y ya no grabes, por favor”, me indicó.

– “Listo, ya estás off the record”, le contesté.

– “Fíjate que me gusta mucho tu manera de trabajar, vi lo que publicaste de mí la vez pasada y ese es el tipo de personas con las que me gusta tratar: profesionales, estudiosas, respetuosas…”, señaló.

– “Muchas gracias, Salma, la verdad es que es un honor el poder…”

– “Escucha lo que te voy a decir. Te quiero proponer algo, algo que todavía no te puedo decir exactamente qué es, pero es grande y me interesa que tú formes parte de eso. No sé aún cuando se va a hacer, si es en unos meses, o si es en uno o dos años, pero necesito que te prepares, que sigas como hasta ahora. Es algo que estoy preparando con mi compañía productora, y perdón pero no te puedo decir más por el momento. ¿Te interesa?”, me comentó.

En cuestión de segundos pasé de lo atónito de entender que Salma Hayek me estaba proponiendo que trabajara con ella a pensar que sería un imbécil si decía otra cosa que no fuera un “sí, por supuesto”.

– “Salma, por supuesto que sí y no sabes que honrado me siento con esto. ¡Muchas gracias!”, recuerdo que le contesté.

– “Ya, no digas más para que no te oigan. Por favor reúne todo lo que puedas de muestras de tu trabajo, donde tú hayas escrito, y mándamelos por correo con mi asistente. Y estamos en contacto, ¿Ok?”

– “Sí, claro, por supuesto. Mil gracias por todo”, alcancé a balbucear.

Tras colgar, me dediqué todo ese día a juntar lo que me había pedido y se lo envié a su asistente, todavía sin dar crédito a lo que me acababa de pasar.

¿Qué pasó después?

La vida. Eso es lo que sucedió.

salma-hayek-at-carol-premiere-at-cannes-film-festival_9Cómo a las dos o tres semanas de eso, comenzaron los rumores de que estaba embarazada, mismos que después confirmó. También anunció que estaba comprometida con un millonario francés, François Henri Pinault, y que se iban a casar después de que naciera su hija, lo cual ocurrió en septiembre de ese mismo 2007. Obviamente, y como es conocido por todos, a partir de ese momento la vida de Salma Hayek ya no fue la misma. Y la mía tampoco.

Después de eso, Salma se dedicó a mil cosas más y se volvió imposible volver a tener contacto con ella. La asistente que tenía dejó de contestarme los correos y así fue pasando el tiempo, en el que veía como Salma Hayek se convertía en una mujer de sociedad, dedicada a miles de otras cosas y prácticamente dejando de lado muchos de los proyectos que pensaba desarrollar. Entre ellos, supongo, al que me invitó a participar.

A Salma no la volví a ver sino hasta dos años después, durante un junket en Los Ángeles de la película Cirque Du Freak: The Vampire’s Assistant, donde me acerqué a saludarla al final de una conferencia de prensa que dio y lo único que le pude preguntar fue si todavía podía contactarla a través de la asistente que tenía, a lo que me dijo que sí. Pero ya nada fue igual. Y esa famosa propuesta de trabajo quedó en el olvido.

El año pasado todavía la vi en una plática especial que dio en el Festival Internacional de Cine de Toronto, y ha sido mi contacto más cercano con una mujer que he visto como soportó mil y un críticas, sobre todo de sus compatriotas, y se convirtió en una estrella mundial, con poder y a la que el tiempo, como a los buenos vinos, le ha sentado extraordinariamente bien.

Pero siempre recordaré con gran cariño y emoción el día que Salma me ofreció trabajo…

Anuncios