BATMAN VS SUPERMAN: EL ORIGEN DE LA JUSTICIA
* * 1/2

Título original: Batman V Superman: Dawn of Justice
País: Estados Unidos, 2016
Director: Zack Snyder
Elenco: Henry Cavill, Ben Affleck, Gal Gadot, Jesse Eisenberg, Jeremy Irons, Laurence Fishburne, Diane Lane, Holly Hunter
Guión: Chris Terrio, David S. Goyer
Fotografía: Larry Fong
Música: Hans Zimmer, Junkie XL
Productores: Charles Roven, Deborah Snyder

POR JORGE ÁVILA

(Este es un reposteo de la crítica original, publicada en el sitio movioladigital.wordpress.com)

Cuando el mundo los conoció, eran otras épocas. Ambos son hijos surgidos de la necesidad de una sociedad (en particular la estadounidense) por tener figuras que fueran ejemplos a seguir, y que no imaginaba que, a los pocos meses de haberlos conocido, iniciaría uno de los capítulos más penosos en la historia humana: la Segunda Guerra Mundial. Aunque en apariencia comparten un mismo objetivo, su moral es opuesta, así como sus métodos y su trasfondo. Uno, de hecho, no es humano, pero ha representado desde hace casi ocho décadas los valores más elevados que debería tener la raza humana: valor, justicia, verdad, el bienestar de los demás y un largo etcétera. El otro, por su parte, representa de una manera u otra los miedos, temores, traumas y pesadillas de cualquier persona, aunque su objetivo final sea hacer el bien.

Superman y Batman. Batman y Superman. Dos caras de una misma moneda que, a lo largo de su exitosa existencia a través del mundo del cómic, se han convertido en parte de la cultura popular mundial, para bien o para mal. Son considerados, por muchos, como los superhéroes más grandes que se han creado. Y no es para menos. Tal ha sido su impacto que la historia de ambos (por separado y, ocasionalmente, juntos) ha sido contada, recontada y vuelta a contar en el mismo universo del que surgieron, los cómics, así como en la televisión y el cine, siempre con resultados que son producto de la época en cuestión.

Por eso, no es lo mismo ver al Hijo de Kriptón en los cómics que en la serie televisiva protagonizada por George Reeves en la década de los años 50; o en la saga fílmica iniciada por Richard Donner en 1978, con Christopher Reeve en el rol estelar; o en la más reciente entrega para la pantalla grande, Hombre de Acero,  con el británico Henry Cavill como el legendario superhéroe. De la misma manera que el Hombre Murciélago no fue visto igual durante los años 60 que en los 80 o en el nuevo milenio.

Entre la serie televisiva clásica con Adam West como Bruno Díaz; el Batman de Tim Burton en los 80, con Michael Keaton; el de mediados de los 90 de Joel Schumacher (Kilmer, Clooney), o el Bruce Wayne Christian Bale en la trilogía de Christopher Nolan, nunca ha existido una versión definitiva ni del personaje creado por Bob Kane ni del creado por Jerry Siegel y Joe Shuster. Son dos bestias que se adaptan, de una manera u otra, a su tiempo. Ya sea que representen el American Way of Life (el Superman de Chris Reeve en los 80) o la psicosis terrorista del siglo XXI (la trilogía de Nolan), ambos superhéroes han tenido que adaptarse a su entorno, época y necesidades.

Todo lo anterior viene al caso por el estreno de Batman vs Superman: El Origen de la Justicia, primera cinta que muestra la interacción en pantalla grande entre estos dos iconos culturales y que viene precedida por opiniones encontradas, no tanto por la posibilidad de que el filme compita contra lo realizado por el eterno rival de DC Comics, Marvel, sino por lo que será la representación actual de estos personajes, en una época dominada por los millenials, las redes sociales, las noticias y los rumores sin sustento. Quizá como pocas en la historia, BvS ha sido una de las películas más criticadas y cuestionadas incluso antes de su estreno, particularmente por tres razones:

La primera, lo decepcionante que fue Hombre de Acero (Man of Steel), ese enfermizo ejercicio fílmico realizado por Zack Snyder en el que mostró su tendencia irracional por la violencia y la destrucción injustificada, representada por la batalla entre Zod y Superman. La segunda fue la elección de una atractiva, pero físicamente delgada actriz israelí, de nombre Gal Gadot, para interpretar al personaje que completa la llamada “Trinidad” del universo DC: la Mujer Maravilla.

Y es que, durante generaciones, las imágenes que quedaron tatuadas en la conciencia colectiva fueron las de Christopher Reeve como Clark Kent/Superman y la inigualable Lynda Carter como Diana Prince/Marvila/Mujer Maravilla. Por ello, hasta foros se crearon en redes sociales para pedir la sustitución de Gadot, bajo el razonamiento de que no tenía el físico para representar a una amazona guerrera, como lo es la Mujer Maravilla. Y la tercera, otra elección del elenco: Ben Affleck como Bruce Wayne/Batman. A pesar de que Affleck siempre ha mostrado ser un actor competente, y un mejor director, su pecado fue haber dado vida a Daredevil (personaje de Marvel) en una fallida cinta de 2003.

Y claro, un cuarto elemento en discordia, que es la repetición de Snyder como director del esperado filme. Y es que la carrera de Snyder ha ido en declive (al menos en cuanto a aceptación con la crítica se refiere, desde que debutó exitosamente con Dawn of the Dead (2004), siguió relativamente bien con 300 (2007) y Watchmen (2009), pero comenzó el declive con Legend of the Guardians (2010), Sucker Punch (2011) y Man of Steel (2013).

Si bien el estilo visual de Snyder tiene cosas interesantes, la percepción general es que se trata de un buen artesano que realiza filmes visualmente atractivos, pero sin sustancia. Así, la decisión de Warner Bros. de apostar a Snyder para hacerse cargo de desarrollar el ambicioso plan a futuro de llevar el universo de superhéroes de DC al cine (ante el impacto en taquilla que Marvel tiene de ventaja, por años, con títulos como Iron Man, The Avengers, Capitán América o Deadpool), parece demasiado arriesgada.

Mientras Marvel apostó por directores como Sam Raimi, Jon Favreau o Kenneth Branagh para dar inicio a su universo fílmico, Warner ha confiado más en la destreza visual de nombres como los de Pitof (Gatúbela), Francis Lawrence (Constantine) o el propio Snyder para tratar de dar la pelea. Incluso, un cineasta probado como Bryan Singer no pudo dar el ancho que se esperaba con Superman Regresa, a pesar de que obtuvo un buen éxito con una de las primeras cintas de Marvel (X-Men).

Por lo anterior, la expectativa (y presión) sobre los hombros de Snyder, en particular con BvS, es inmensa. Si el filme es exitoso, al menos en taquilla, permitirá a WB y DC poder abrir la mina de oro que significarían películas que ya están planeadas, como la primera de la Mujer Maravilla (actualmente en rodaje), o las de otros superhéroes como The Flash y Aquaman. Si no, entonces los planes se vienen abajo. Afortunadamente (aunque sin echar las campanas al vuelo), Snyder parece haber corregido muchos de los defectos y errores que cometió en Man of Steel para tratar de enderezar un barco que él mismo comenzó a hundir.

Entre los aciertos de Snyder y compañía para BvS, de entrada está el guión. Escrito por Chris Terrio (Argo) y David S. Goyer (trilogía de The Dark Knight), al menos muestra más coherencia que el desastre que fue Man of Steel (donde Goyer y Nolan desarrollaron guión e historia, respectivamente, pero la ineptitud de Snyder terminó por echar a perder el producto). Aquí, utilizando al personaje de Wayne/Batman (que es testigo de primera mano de la matazón y destrucción que ocurrió en Metrópolis al final de Hombre de Acero), se lleva a nivel de la gente normal el miedo que puede infundir un personaje cuasi-todopoderoso como Superman, un alienígena con un potencial destructor de la raza humana que tiene que ser limitado, sino es que destruido.

Esa es la obsesión de Wayne, quien no sabe de reglas, pero quiere detener al kriptoniano. Toda semejanza con la paranoia estadounidense acerca del peligro que representan los “aliens” (latinos, musulmanes, etc.) no es mera coincidencia. Al menos hay una razón para querer destruir a Superman, misma que comparte, de cierta manera, Lex Luthor (Jesse Eisenberg en un terrible miscast, pero más de eso un poco más adelante).

Otro acierto es haberle dado a Lois Lane (Amy Adams), un peso más específico en la historia y no presentarla simplemente como la dama en peligro. Aquí Lois/Luisa cumple una función importante en el desarrollo de, al menos, un par de momentos clave en la trama. De igual manera, aunque el tono visual del filme es bastante sombrío (en esa necesidad que tiene DC de “despegarse” de Marvel, cuyas películas suelen ser más coloridas y ligeras), hay varios momentos de humor, ciertas frases que aligeran un poco lo denso de la historia. De igual manera, Superman vuelve a ser, de alguna manera, Superman, el paladín de las cosas buenas y justas.

Quizá la sorpresa más agradable sea la criticadísima Gadot, quien calla varias bocas con su representación de una sexy y poderosa Mujer Maravilla. La actriz israelí trabajó su cuerpo para poder dar el tipo atlético que requiere una superheroína, y lo logra. Su Diana Prince tiene una decente presentación en el mundo fílmico de DC y hace olvidar todos esos cuestionamientos iniciales acerca de si sería capaz de ser una buena Mujer Maravilla para las generaciones actuales. La respuesta es sí.

Lo mismo ocurre con Affleck, quien aporta una personalidad interesante a Batman, quien no deja de ser un playboy millonario con grandes recursos tecnológicos, pero también muestra un lado un tanto psicótico que lo vuelve peligroso a no ser por el equilibrio que intenta darle su fiel mayordomo, Alfred (un admirable Jeremy Irons).

Visualmente admirable por momentos, y entretenida a pesar de su larga duración, Batman vs Superman no es, sin embargo, una gran película y mucho menos una película perfecta. Corrige muchos detalles y excesos cometidos por Snyder en Man of Steel, cierto… pero también tiene pecados nuevos. El más notorio (y repetitivo) es la enfermiza obsesión de Snyder por “volverse loco” en escenas y momentos que no lo necesitaban.

Es como si el cineasta de repente se emocionara y dijera: “Vamos a meter más explosiones por aquí, otros edificios destruidos por acá”, o “Hans (Zimmer, creador del score), métele más ruido, que sea más rimbombante”. En este último caso, por ejemplo, el filme comienza con un buen trabajo de Zimmer que, al poco tiempo, se desdibuja, ofreciendo una partitura demasiado estruendosa, con exceso de percusiones y metales, como si siendo más ruidosa la escena ésta fuera más emocionante o importante. Misma situación que se repite en algunas escenas de peleas, particularmente la del final, que por momentos vuelve a verse como si se tratara de un videojuego. Snyder desatado, sin que nadie frene su ya de por sí pretencioso estilo de filmar.

Además de Snyder y sus obsesiones, un elemento terrible es Lex Luthor. No tanto por el personaje en sí, sino por la elección de Eisenberg para interpretarlo. Pareciera que el actor sólo tiene dos estilos de actuación: el neurótico (tipo su trabajo en The Social Network o su doblaje para Río), y el sobreactuado. Para que tenga impacto, una película de héroes debe tener, por fuerza, a un gran villano, uno que esté a la par de los protagonistas. Y aquí no existe. El Luthor de Eisenberg simple y sencillamente es molesto, odioso, poco creíble y demasiado joven como para combatir a este par de superhéroes. Su Lex Luthor no provoca miedo o temor, sino molestia.

Batman vs Superman es de esas películas que, si se es fanático del cine de acción o del subgénero de los superhéroes, se tiene que ver, ya sea por el morbo de ver si lo que se dijo durante meses acerca de la misma es real, o por el simple hecho de ver a estos dos icónicos personajes peleando entre sí. Sin duda, es mejor que Man of Steel, aunque ésta tampoco debe tomarse mucho como referencia.

Es una película con cosas interesantes, varias mejorías respecto a la historia previa y elementos que la hacen entretenida. Si sus fallas no fueran tan marcadas, habría resultado mucho mejor. Seguramente le irá bien en la taquilla, y le alcanzará para que DC pueda llevar a cabo lo que sigue, los filmes acerca de la Liga de la Justicia, pero si quiere jugar en la misma liga que Marvel, deberá poner más atención en muchos elementos y corregirlos. De otra manera, DC puede caer bajo el peso de su propia pretensión.

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