POR CARLOS MERAZ

Fotos: Cortesía de Fernando Aceves

Al día siguiente del segundo y último concierto de The Rolling Stones en el Foro Sol de la Ciudad de México, 60 mil personas, de generaciones que iban de los “baby boomers” a los “millenials”, presentes en el desenlace de su gira “Olé”, amanecieron devastadas, con desvelo, resaca de alcohol y algunos de cannabis, dolor muscular y necesidad apremiante de una mascarilla de oxígeno, debido a un cansancio como si se hubiese corrido un maratón y rematado con una sesión de lucha libre en la Arena Coliseo.

Pero, sobre todo, se despertaron con una duda… Qué vacuna, alimento, ejercicio o elixir consume Mick Jagger para que, a sus 72 años, puede correr como colegial y además cantar sin fatigarse, o al menos sin evidenciarlo, con una envidiable condición físico atlética durante más de dos horas de un show que, contrario al título de su himno generacional, ofrece satisfacción garantizada hasta para el más demandante espectador.

Las edades de sus cuatro integrantes originales suman ya 286 años de experiencia en el rock. Ningún otro grupo de rock sobre la faz de la Tierra puede jactarse de tal longevidad y experiencia escénica.

IMG_2965Tal y como lo sentencia el origen de su nombre -extraído del título de una canción del blusista Muddy Waters que sentencia “las piedras rodantes no crían moho”- los Stones son unos sobrevivientes de la era del “sexo, drogas y rock ‘n’ roll” que no pagaron factura por los excesos y hasta se ufanan de ser más jóvenes en escena que muchos grupos de veinteañeros o treintones.

Como lo dicta el adagio: “Viejos los cerros y todavía reverdecen” y en estas cuatro montañas encarnadas en Mick Jagger, Keith Richards, Ron Wood y Charlie Watts estarán colmadas de canas y arrugas a granel, pero no de ese musgo que el resto de los mortales conocemos como vejez.

En 54 años han pasado por los años 60, de Brian Jones, actuando en clubes y teatros; los 70, de Mick Taylor, en arenas y los 80, de Bill Wyman, en estadios. Y desde el ocaso de la pasada centuria hasta los albores del Siglo XXI cada tour que hacen siempre para ser el último y suele ser mastodóntico, por eso son el espectáculo más grande del planeta: “Ladies & gentlemen, The Rolling Stones”.

Este fue, para el conteo personal de quien escribe, su decimosegundo concierto de los Stones, pero sin temor a equivocarme ha sido el que más he disfrutado por estar en compañía de mis “satánicas majestades” y amistades -entiéndase Los Casi Famosos- y, sobre todo, por saltar como poseído, “Out Of Control”, tomado de la mano de Sharon, quien ha inyectado amor, juventud y alegría a mi existencia. Lo demás es sólo rock ‘n’, pero aún así me sigue gustando… y mucho.

Humor británico

Afuera del Foro Sol, la ciudad se colapsa y no sólo en las inmediaciones del Autódromo Hermanos Rodríguez, sino en todo lo que alguna vez fue el Distrito Federal y hoy se simplificó en el aberrante acrónimo de CDMX, pues la alguna vez “región más transparente del aire” se sofoca en otra día seguido de contingencia ambiental.
“Qué buen ambiente hay en México… Aquí siempre respiro aire fresco”, sentenció Jagger provocando las risas del público.
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El humor británico de Jagger continuó con sus bromas políticamente incorrectas, que dejaron claro que además de poner a cantar al unísono a 60 mil gargantas también puede hacerlas estallar de risa.

“La próxima semana Roger Waters presentará en el Foro Sol ‘The Wall’, con la participación especial de Donald Trump”, dijo Jagger en referencia al polémico aspirante a la candidatura republicana a la Casa Blanca en las elecciones de Estados Unidos.

Pero quien realmente se la pasó increíble fue Richards, quien en cada “riff” administró altas dosis de adrenalina que dilataron pupilas, incrementaron palpitaciones y tocaron las fibras más sensibles de los asistentes, mientras el guitarrista agradecía apretando con fuerza sus puños apuntados a su corazón y a sus cojones. Alma y güevos, su receta para seguir vivo y lidiar con la muerte sólo en la imagen de su emblemático anillo en el anular derecho.

Más que satisfechos, extasiadosIMG_2968

Paradójico resulta que el tema más icónico de The Rolling Stones sea “(I Can’t Get No) Satisfaction”, pues en décadas de giras mundiales han dejado extasiados a los públicos más diversos en ambos lados del Atlántico. Nada mal para una banda con un himno generacional de 1965 que ha demostrado ser el más eficiente viagra musical del rock.

Si en 1969 en Altamont, California, la ejecución de “Sympathy For The Devil”, fue la música de fondo para el asesinato de un joven negro por los encargados de seguridad, la pandilla Ángeles del Infierno, hoy en la gran Tenochtitlán es el soundtrack de la vida de los fans stones que por dos noches colmaron el recinto para ver a Jagger contonearse con su mefistofélico abrigo en su plegaria a Lucifer.

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Sea con Dios o con Satanás, The Rolling Stones le han sacado la lengua o mundo y ya tienen ganado su derecho de piso en México, a lo largo de cuatros visitas, y como bien lo advierte el proverbio popular: “Más sabe el diablo por viejo, que por diablo”.
Tras verlos una vez más y pensar que bien podría ser la última, aunque cada vez que salgan de gira Dios y el Diablo son parte de su “staff”, como uno de sus millones de admiradores sólo me resta implorar una plegaria para los protagonistas del show de rock más grande del planeta: ¡Dios salve a los Stones!

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