POR MIGUEL ANDRÉS GONZÁLEZ

“Genie in a bottle”, “What a girl wants”, “Reflection”… fueron algunos de los éxitos que catapultaron a Christina Aguilera a disputarle el trono del pop, en 1999 y a sus tiernos 18 años, a una entonces pujante Britney Spears, de 17, y quien acaparaba la atención mundial con el video de “…Baby one more time”.

De niñas habían coincidido actuando en el New Mickey Mouse Club, pero tiempo después irrumpieron en la escena con diferentes atractivos: Britney ofrecía una imagen de colegiala con un toque de picardía y malicia, mientras que Christina exponía una voz… ¡qué voz! Un talento que podía rivalizar con el de cualquier estrella pese a su juventud.

En esta historia nos centraremos en la rubia de padre ecuatoriano, y todo porque representa un ejemplo muy claro de artista de carrera irregular, con altibajos, en la cual pasó de ser una figura sólida de la música a rebajar su perfil descuidando lo que mejor sabe hacer y desempeñándose como juez del reality The Voice.

20160217114949Entrevisté a Aguilera en mayo de 2000 en Acapulco, en un ambiente muy cómodo. Apenas llevaba unos días trabajando en EsMas.com, portal que Televisa planeaba lanzar precisamente en el AcaFest.

El intenso calor y el relajado entorno del festival invitaban a todos (organizadores, medios y elenco) a lucir ligeros de ropa, básicamente playeras, bermudas, shorts, gorras e incluso trajes de baño.

Yo portaba esa clase de “uniforme” cuando el management de Aguilera y BMG (hoy Sony Music) nos ofrecieron entrevistar en exclusiva a la cantante, quien se presentaría en el escenario principal.

Para evitar el asedio mediático, la cita se efectuaría en la oficina del director del Hard Rock Cafe acapulqueño; ahí nos encerraron a solas a la diva y a un servidor por unos 10 minutos.

Aguilera venía de llevarse, en pocos meses, el Grammy como Artista Revelación, de participar en el show del medio tiempo del Super Bowl con Enrique Iglesias y de vender más de 12 millones de copias en el mundo con su disco homónimo. En México fue impulsada por TV Azteca, pero Televisa la hizo suya a partir del festival que organizaban Raúl Velasco y Luis de Llano. Y ahí estaba ante mis ojos: de talla diminuta (no alcanza el 1.60), delgada, con blusa roja y jeans y una mirada tan dulce como displicente.

Lamentablemente, la conversación no dejó nada profundo, sino simples generalidades. “Quiero prepararme para ser mejor cada día, estoy encantada de volver a México, Acapulco me parece bonito, mis fans son lo máximo”. Así suelen ser las charlas con los artistas a quienes les componen toda la música (letras, melodías, arreglos) y sólo los llevan al estudio de grabación para darle su toque. Algunos ni siquiera saben explicar el motivo de una canción ¡o ni siquiera se acuerdan del título!

Aguilera ninguneó al público mexicano en el único periodo en que visitó el país, desde comienzos de 2000 hasta enero de 2001. En el AcaFest, que incluía shows de Barry White, Juan Gabriel, Jaguares y otros, dio un show con playback (algo casi habitual entre los artistas del evento) y lo justificó diciendo que no podía traer todo su espectáculo, pero que lo haría en su próxima visita.

Unas semanas después estreno Mi reflejo, disco de debut en español y con el cual, curiosamente, lograría ser la única intérprete en llegar al número uno con álbumes en dos idiomas (hay que tener en cuenta que ella no entiende el castellano). Ahí venían “Genio atrapado”, “Ven conmigo” y “Pero me acuerdo de ti”, entre otras. La mesa estaba servida para que volviera a México a finales de 2000, con dos fechas en el Auditorio Nacional y participaciones en programas de Televisa, pero todo fue cancelado de última hora por una infección en las cuerdas vocales. Esos conciertos fueron reprogramados para el 16 y 17 de enero de 2001, mas lo peor estaba por llegar.

La noche del lunes 15, su recibimiento en el aeropuerto capitalino fue de lo más caótico que se recuerde. Entre 40 y 50 periodistas y algunos fans esperaban ver su salida del vuelo procedente de Miami, cuando Aguilera, con una gorra de los Yankees de Nueva York y escoltada por cuatro miembros de seguridad personal y varios asistentes, pretextó cansancio para no saludar ni responder nada. Con prisa, su séquito arrasaba con todo a su paso, derribaba como fichas de dominó en hilera a algunos reporteros y reporteras que osaban meter sus grabadoras para pedir una declaración y lanzó golpes, empujones y pisotones a diestra y siniestra. Algo espectacularmente triste.

Elementos de la Policía Federal Preventiva acudieron para impedir el forcejeo, y entonces algunos periodistas arremetieron contra los agentes que apartaban sus micrófonos, provocándolos con gritos de burla, además de ponerse a rechiflar y carcajearse cuando la cantante fue detenida por las autoridades migratorias para revisar su pasaporte.

La noticia tuvo su eco a nivel nacional porque se difundió que Aguilera, quien también ignoró a la representación de su casa discográfica que acudió a recibirla, ingreso al país ilegalmente, sin pasar por Migración ni Aduana. El asunto fue tan serio que BMG publicó un comunicado para aclararlo todo.

20160217114951A la expectación por su presencia, y por su primer concierto oficial en México, sólo respondieron unas 6,000 personas (de un aforo de casi 10,000) en el Auditorio Nacional. Aguilera vivía su mejor momento profesional y era una celebridad mundial, pero no terminaba de congeniar con el público. Su estilo encajaba en el perfil adulto contemporáneo, pero sus fans eran adolescentes y niños. Y su presentación no ayudó a borrar esa impresión: no completó una hora sobre el escenario, sólo interpretó 11 canciones, el desangelado show parecía más un ensayo poco profesional.

Aguilera llevaba blusa, short negro y botas altas. Su voz se imponía por todos los rincones, pero no le sacaba el mejor rendimiento. Tampoco tenía un repertorio para conquistar de principio a fin, y sus coreografías y bailarinas no resultaron nada vistosas. Cero escenografía y juego de luces. En uno de sus saludos se disculpó por el trato a la prensa en la víspera y agregó que eso no volvería a suceder. Al día siguiente daría su segundo y último concierto en México.

Adal Ramones también se sacó de quicio con la señorita. Aguilera pasó todo el jueves 18 en Televisa San Ángel grabando los programas Al fin de semana y Otro rollo. Sin embargo, los representantes de la artista objetaron el carácter divertido e ingenioso de Otro rollo, programa por el cual ya habían desfilado desde Vicente Fox hasta Alanis Morissette y que exigía cierta complicidad del invitado en turno. Al equipo de Christina no le iba a gustar que su protegida fuese víctima de chistes improvisados, y el conductor se vio en la necesidad de disculparse ante el público por la actitud de los promotores y asegurar que la grabación podría ser suspendida. Finalmente, la chica entró en razón y aceptó seguir el guión establecido.

Esa fue, ni más ni menos, la singular historia del debut y despedida de Christina Aguilera en México, que seguramente ocupará un minúsculo espacio entre sus recuerdos, por decir lo menos.

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