POR JORGE ÁVILA

Como miles que vivieron su adolescencia durante la década de los años 80, crecí escuchando la radio musical de esa época. Estaciones como Radio Hits, Rock 101 y WFM 96.9 eran las perfectas compañeras para esos días de escuela, fines de semana de fiesta, noches románticas o momentos de introspección en los que siempre estuve acompañado por la voz de alguno de los ahora legendarios locutores que había en el cuadrante de FM de ese entonces.

Siempre he tenido una mayor predilección por la buena música pop, por lo que la estación que se convirtió, de manera casi natural, en mi mejor amiga, fue WFM, que en aquél entonces era pionera en transmisión digital, hecho del cual salió el eslogan que la convirtió en todo un clásico: Magia Digital. Incontables horas fueron las que pasé escuchando la creatividad de sus tres figuras principales: Alejandro González Iñárritu, Martín Hernández y Charo Fernández, quienes desde entonces han formado parte de mi vida de una manera u otra.

Siempre admiré no nada más su voz y estilo, sino la increíble creatividad y pasión que siempre ponían en cada programa, promo o especial que transmitía la estación; por ello es que desde aquél entonces tengo un cariño especial no sólo por WFM, sino por ellos como personas. Afortunadamente, la vida me ha dado la oportunidad de convivir con los tres en diferentes momentos e, incluso, de trabajar por poco más de año y medio con uno de ellos justamente en el 96.9.

Estas líneas las escribo recordando algunos de esos momentos que viví, particularmente, con dos de ellos: Martín y El Negro (tengo también grandes momentos vividos con mis queridísimas Charo y Martha Debayle, que entró después a WFM, pero esos son motivo de un futuro texto que publicaré en este espacio).

Martín Hernández, en entrevista por su nominación al Oscar por Birdman. Foto: Daniel Perales
Martín Hernández, en entrevista por su nominación al Oscar por Birdman. Foto: Daniel Perales

Mi primer contacto fue con Martín Hernández y no fue en WFM, sino en Radioactivo 98.5, allá a mediados de los 90, gracias al gusto que ambos tenemos por una película en particular: Star Wars. En ese entonces, junto con un grupo de amigos también fans del mundo creado por George Lucas, se armó la transmisión de unas radionovelas relacionadas con la saga de los Skywalker. Lo que no imaginé es que, un par de años después, en 1997, sería también Star Wars el pretexto que me llevó a integrarme al equipo de WFM, donde Martín era el director y a la cual llegué gracias a una invitación que me hizo Guillermo Franco para escribir unas cápsulas de Star Wars, con el pretexto de que se cumplían 20 años del estreno del Episodio IV y el lanzamiento de las famosas Ediciones Especiales.

Tan les gustaron las dichosas cápsulas a Martín y a Guillermo, que terminé trabajando en la estación haciéndome cargo de las noticias que tenía que darle a los locutores para que las comentaran, algunas aportaciones en el programa de cine (Cinemalogic) y después al aire con un entrañable amigo, Pepe Campa. Fue mi primer trabajo y mi primer sueño hecho realidad. Estaba trabajando no en cualquier lado, sino en WFM y con Martín Hernández. Había llegado a las grandes ligas.

DÍAS DE RADIO
Fue justamente la producción de esas dichosas cápsulas especiales -que se llevó a cabo en las oficinas de Zeta Audio, en Polanco- la que me llevó a tratar también, por primera vez, al Negro Iñárritu, quien en ese entonces estaba mucho más clavado en cosas de televisión que de audio, pero pude ser testigo del nivel de exigencia que tenía no nada más él, sino Martín, con su trabajo. Por momentos esa obsesión por el control y que las cosas fueran perfectas llegaba a rayar en lo insano, pero tiempo después descubrí que, de no haber sido así, no habrían llegado hasta donde están hoy. A Alejandro no lo volví a tratar sino hasta tres años después, cuando lo entrevisté por su ópera prima, Amores Perros, pero de él hablaré un poco más adelante.

De toda esa época que viví en WFM, la anécdota que mejor recuerdo no fue una fiesta o un lanzamiento o un promocional, sino un regaño marca diablo que me dio Martín por un “error” que había cometido. Resulta que las cápsulas de Star Wars originales (a cuyos textos les pusieron voz Martín, Pepe y Luis Gerardo Salas, y que les comparto al final de este texto) se transmitieron sin problema alguno, y meses después, cuando se lanzaron las Ediciones Especiales, se retomaron las mismas pero en versiones modificadas y un poco más cortas. Tan bueno les había parecido mi trabajo que no me pidieron hacer unos textos nuevos, sino retomar de la producción de las mismas para volverlas a transmitir. Y así lo hice… o al menos eso creí.

Foto: Daniel Perales
Martín Hernández en entrevista para Diario 24 Horas. Foto: Daniel Perales

Un buen día, me llaman a la oficina de Martín (quien en su primera etapa en WFM era conocido como “Gordo”, pero al que nosotros le decíamos “El Führer”, ya se imaginarán por qué…). Entro, y de manera muy amable me pide que cierre la puerta. Lo que siguió fue una transformación total de Martín, quien empezó a gritarme y a tener una conversación conmigo más o menos así:

– ¿Que carajos es esto? (me indicó refiriéndose a las cápsulas de Star Wars)

– Me pediste que las rehiciera y que las cortara, y eso hice…

– ¡¡No mames, Doc!! (que era el apodo con el que hasta le fecha me sigue llamando). ¡No me vengas con chingaderas! ¡Esto es una mamada! ¿Quién chingados te dijo que esto está bien?

– Bueno, es que yo creí que…

– ¡No, no andes creyendo, cabrón! ¡Esto está mal! ¡Son prácticamente las mismas! ¡Me vale madres, pero vas y las arreglas ahorita!

– Pero creo que están ocupados en producción con…

– ¡Me vale madres! Tú ve cómo le haces pero me arreglas esas pinches cápsulas ahorita para poder comenzar a transmitirlas mañana a primera hora, si no es que desde hoy en la noche…

Al salir de su oficina, tengo que reconocer que salí temblando, pues los regaños de Martín no eran fuertes, sino despiadados. Así su nivel de exigencia. Sin saber qué hacer, fui con Pepe Campa, quien me preguntó qué era lo que tenía. Al explicarle, me dijo que no me preocupara, que él ya sabía cómo era Martín, y que él me iba a ayudar. Así que nos metimos en el estudio a cortar y rehacer esas mentadas cápsulas. Gracias a la experiencia de Pepe, el arreglo fue rápido y esa misma noche le llevé el trabajo corregido a Martín, quien tenía una actitud muchísimo más tranquila.

– Martín, ya arreglamos las cápsulas…

– ¿Ya ves, Doc, que sí se puede? ¿Sí entendiste por qué te regañé hace rato, verdad?

Y sí, efectivamente, después de ese regaño todo comenzó a tener sentido, pues me di cuenta de que no estaba jugando, sino que estaba en las grandes ligas y que si quería crecer tenía que acostumbrarme a la perfección. O casi. Como todos, he tenido momentos buenos y malos a nivel laboral, pero varias de las lecciones más valiosas que recibí fueron justo en mi etapa en WFM, donde tuve el regaño más provechoso de mi vida profesional.

Con el curso de los años, Martín y yo hemos coincidido en diversas ocasiones, además del gran tiempo que trabajamos juntos en WFM, donde se generó una muy buena relación que, hasta la fecha, hace que nos veamos con gusto cada que nos topamos. Lo he entrevistado varias veces, ya sea por su trabajo de doblaje, por su regreso a la radio, por su trabajo en el cine o por sus nominaciones al Oscar, y siempre con un gran respeto y aprecio de su parte hacia mi persona. Y el sentimiento es recíproco.

BACK IN BLACK
Tras salir de WFM y dedicarme de lleno al periodismo cinematográfico, aunque ya con la experiencia de haber observado muchas cosas en mi andar por la radio, en 2000 me topé de nuevo con El Negro Iñárritu, durante el junket de Amores Perros. Sabedor de la fama que tenía Iñárritu de “difícil” y “egocéntrico”, terminé siendo el último que habló con él después de un día larguísimo de entrevistas. Esperando encontrarme con un tipo mal encarado, harto y mamón, me llevé una grata sorpresa cuando comencé a platicar con él.

Alejandro InarrituNo sé si fue porque le dije que yo había formado parte de la “familia” de WFM, que trabajé con Martín o porque le gustó mi actitud, pero lo que me llamó mucho la atención fue que, de entrada, se disculpó: “Hola, mira… discúlpame, pero ha sido un día eterno y no he parado. ¿No te importa si como algo?”, me dijo visiblemente cansado.

A pesar de ello, lo que originalmente iba a ser una entrevista uno a uno de 15 minutos, terminó en más de una hora de plática, en la que por igual hablamos un poco de radio, de su película y de varias otras cosas.

En los años siguientes y, hasta la fecha, mi trato con Iñárritu siempre ha sido bastante cordial. Sí, tiene fama de ser una persona demandante, difícil, ególatra… pero al menos con quien esto escribe siempre ha sido extremadamente amable, ya fuera en entrevistas realizadas por teléfono con motivo de Babel o cuando me lo topé en el lobby de un hotel en Toronto, a donde fui a realizar un reportaje en el set de Titanes del Pacífico, de Guillermo del Toro, y a quien El Negro había ido a visitar.

– Alejandro, qué gusto encontrarte por acá. ¿Viniste a ver el rodaje de Guillermo?

– Sí, el Gordo es un tipazo, un gran amigo mío al que le debo mucho, y la verdad andaba cerca de aquí y me lancé a verlo, aprovechando un descanso. ¿Tú cómo estás?

Dudo que ahorita, con toda la fama de haber ganado un Oscar y estar, literalmente, en los cuernos de la luna, Iñárritu se acuerde de mí, pero le agradezco que siempre que he tenido contacto con él su trato ha sido en extremo amable y respetuoso. Esto sólo me ha confirmado lo que casi dos décadas de experiencia en el periodismo de espectáculos me han dejado: las celebridades son tan humanas como cualquiera, con la única diferencia que su trabajo es público y por eso están en el ojo de los medios.

Así, mi contacto con dos de los genios creativos que hicieron época en la radio en México y que ahora han puesto en alto el nombre de México en el cine, ha continuado al paso de los años siempre con un respeto profesional y personal que pocos pueden presumir de tener. De ambos he podido ver (de uno más, de otro menos) parte de su persona no pública, de cómo son en la vida cotidiana, y aprender en lo profesional (mucho más de Martín, por razones obvias) que, para poder llegar lejos, la exigencia debe ser la mayor. Y comienza por uno mismo.

La foto del recuerdo, durante la entrevista que le realicé a Martín Hernández en febrero de 2015 por su nominación al Oscar.

 

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