Músico, actor, visionario… David Bowie dejó un legado difícil de superar para varias generaciones de amantes del rock, el cine y el arte en general, impactando de una manera u otra en las vidas de quienes le conocieron o que disfrutaron y admiraron su talento a lo largo de casi cinco décadas.

Ya fuera por su inconfundible estilo musical, su camaleónica presencia en la pantalla grande o su gusto por la moda y el diseño, el Duque fue uno de esos artistas cuya obra es tan vasta que es imposible describirla en pocos párrafos. Sin embargo, a continuación presentamos un pequeño homenaje a a la leyenda británica que, como los grandes, se ha convertido en inmortal…

BOWIE, DISEÑANDO AL ICONO

81eVnOh4UJL._SL1300_ POR RODRIGO MORLESIN

Como diseñador gráfico que soy, siempre me ha intrigado e inspirado David Bowie como un producto del diseño. Sus múltiples personajes, su imagen, sus portadas, su pintura y, por supuesto, su moda. El hijo pródigo de Brixton no sólo fue un artista en los escenarios, sino que a principios de los años 60 asistió al Bromley College of Art, donde cursó estudios de diseño editorial y, aunque no ejerció, es evidente el gusto e interés que tenía por la gráfica.

Aprendió bien la lección de Andy Warhol cuando lo visitaba en su estudio The Factory, al hacer de sí mismo un producto de consumo, y mientras Warhol llevaba las latas de sopa al nivel de arte, Bowie hacía de su arte un producto masivo comercial y multiplicable en las portadas de las revistas siempre dando de qué hablar.

R-1042699-1247423098.jpegAlgunas de sus portadas que mejor reflejan su amor por el diseño son: The Rise and Fall of Ziggy Stardust (1972); Aladdin Sane (1973); Lodger (1979); Sound + Vision (1989), box set diseñado por Roger Gorman quien ha hecho portadas para bandas mexicanas como Caifanes y Fobia; Changesbowie (1990); Outside (1995); Hours (1999); Reality (2003), y la controvertida The Next Day, que recicla la portada de Heroes.

Bowie comparte esta profesión con uno de sus grandes amigos y gran ícono del rock: Freddie Mercury. Dios los cría y ellos se juntan, aunque esta vez no alcancemos a escucharlos desde el cielo.


BOWIE O EL ROCK HECHO ARTE

bonoPOR MIGUEL ANDRÉS GONZÁLEZ

Desde el asesinato de Lennon y la insospechada muerte de Mercury, el mundo del rock no recibía un golpe tan brutal como el de la pérdida de David Bowie (claro está, con el perdón de mitos como Zappa, Cobain, Hutchence, Harrison, Kilmister y tantos otros, además de que debemos colocar a Jackson en su pedestal del pop).

Con toda seguridad ningún músico asumió tantos riesgos en el campo artístico como “El Rey Camaleón”; nunca un apodo sonó tan justificado. Los adjetivos se agotan para definir una propuesta que casi siempre parecía adelantada a su tiempo, con atrevidos cambios de imagen y horizonte musical, no siempre comprendidos pero sí respetados y admirados por todos.

Transgresor, con numerosas etapas estilísticas al modo de un pintor, cineasta o escritor, Bowie recorrió todos los campos del rock desde finales de los 60 y nos dejó una impresionante cantidad de canciones de la mano de su inconfundible ego. Sin extenderme en lo vasto de su obra, las últimas generaciones lo recordarán por sus colaboraciones con grupos como Placebo y Arcade Fire y, además, los homenajes que le hicieron Nirvana con The man who sold the world y U2, al abrir con Space Oddity su 360° Tour.


EL CAMALEÓN DEL CINE Y LA MÚSICA

bowie laberinto

POR JORGE ÁVILA

Mi primer contacto real con el legado de David Bowie ocurrió en plena adolescencia, por allá de 1982, cuando surgió el disco Hot Space de Queen, con los que grabó “Under Pressure”, canción que en ese momento escuchaba en la radio y todos la alababan, aunque para mí era una simple peculiaridad. Y es que a los 15 años y viniendo de una familia en la que no se escuchaba rock, mi madurar en muchos sentidos estuvo ligado, de alguna manera, a la música de Bowie. Sabía que había hecho una película extrañísima que no vi completa sino hasta años después en la universidad, en algún ciclo de cine: El Hombre Que Cayó a la Tierra, en la que daba vida a un alienígena, pero hasta ahí. Recuerdo la típica escena en la que se ve su rostro desfigurado en el espejo, pero en realidad no sabía quien era David Bowie.

Su apariencia un tanto femenina (después aprendí la palabra “andrógina”) me causaba cierta extrañeza, pero no le di mayor importancia, aunque formó parte de ese aprendizaje que menciono. No fue sino hasta 1983, cuando viví en pleno la época de los videos a través de un programa que se llamaba VideoRock, que conducía la guapísima Elsa Saavedra, que empecé a adentrarme en la música y la carrera de Bowie, particularmente con el disco Let’s Dance. En ese mismo año realizó otro filme raro, que en México se llamó El Ansia, si no mal recuerdo, y en el que interpretaba a un vampiro cellista al lado de Catherine Deneuve. Lo peculiar del filme me hizo querer saber más de Bowie, pero en esa época no había internet, así que era un tanto imposible.

Pero su música forma parte del soundtrack de mi vida en esos años. “Let’s Dance’, “China Girl”, la gran “Dancing in the streets” (con Mick Jagger), “Blue Jean”… rolas que han quedado grabadas en mi ADN y que me llevaron, años más tarde, a seguir averiguando y conociendo la obra de este singular cantante británico. Pero una película que me marcó especialmente en esa época fue Laberinto, una fantasiosa cinta dirigida por el creador de los Muppets, Jim Henson, y que tenía como protagonista a una bella jovencita de nombre Jennifer Connelly, de la que se enamoraba una especie de duende mayor, interpretado por Bowie. Su soundtrack lo recuerdo perfecto, en particular la secuencia del salón de baile, gracias a la balada que la acompaña, “As The World Falls Down”, cantada, sí, por el maestro Bowie.

David-Bowie-The-PrestigeAsí pasaron los años y empecé a conocer más de la carrera de este genio. Desde su Ziggy Stardust hasta su Thin White Duke, aunque le perdí un poco la pista tanto musical como cinematográficamente hasta por allá de 1997, cuando lanzó Earthling. En cine, aunque apareció en varias películas, no lo volví a ver sino hasta su aparición breve en Zoolander y, años después, como Nikola Tesla en The Prestige, de Christopher Nolan.

Es complicado describir en unas cuantas líneas el impacto de una carrera tan vasta como la de Bowie, que se volvió uno de esos artistas a los que a lo mejor se les pierde la pista pero formaron parte importantísima de algún momento de tu vida. Cuando regresó en 2013 con el extraordinario The Next Day, me dio gusto poder disfrutar de su talento en gran forma nuevamente. Por eso su partida duele, porque formó parte de tus experiencias, buenas o malas. Fue Ziggy Stardust, el Mayor Tom, un vampiro, el gran Duque blanco… y parte importante de mi vida. Descanse en paz el gran David Bowie.


REBEL REBEL

Bowie

POR CARLOS VEGA

Un par de días antes de su muerte, justo el día de su cumpleaños, en el sitio oficial de David Bowie y en su cuenta de Instagram aparecieron unas fotografías pertenecientes a la última sesión que hizo en vida, realizada por Jimmy King, su fotógrafo de cabecera de los últimos años. Impecable y elegante como siempre, Bowie luce además contento, casi en estado de éxtasis, lo cual no sería nada extraño dada la ocasión de su cumpleaños número 69 y de la salida de su disco Blackstar.

Sin embargo, esa actitud expresada por Bowie pudiera sí ser extraña dada otra circunstancia: él sabía que la muerte estaba cerca. Pero no, siendo Bowie sabemos que esa sonrisa, esa expresión de gozo no tenían nada de extraño: era la actitud de un rebelde, un rebelde que sabe que va a morir y no le importa; o quizá no es que no le importara, pero prefirió burlarse y disfrutarlo y gozarlo, y entonces, así, darle otro sentido a la muerte, a su muerte. Un sentido artístico, como lo preparó, pero lleno de rebeldía.

Más allá de su arte, de su visión, de esa impresionante capacidad de transformación y adaptación, David Bowie siempre fue para mí un rebelde, un transgresor que rompió esquemas, desafió costumbres, que hizo de lo aparentemete bizarro algo estético y de lo “prohibido” una alternativa. Si su vida misma fue un arte, su corazón fue el de un rebelde.

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