POR CARLOS MERAZ

(Fotos: Cortesía de Fernando Aceves y EMI Music)

David Bowie partió a las estrellas este domingo 10 de enero de 2016, justo dos días después de haber cumplido 69 años. Pero hace casi dos décadas, el “camaleón” del rock bajó de su constelación para aterrizar por primera y única vez en México, en donde ofreció un concierto con motivo de su gira “Earthling Tour”, y de paso inaugurar el entonces recién remodelado Foro Sol.

Un año antes de la llegada del Siglo 21, el vanguardista “rock star” también realizaría un “show case” para 200 personas en el bar neoyorquino Kit Kat Club, con motivo del lanzamiento de su álbum “Hours”, donde, paradójicamente, en la portada aparecía él mismo postrado en el regazo de su propio cuerpo aparentemente sin vida, en una suerte de auto recreación de “La Piedad”, del florentino Michelangelo Buonarotti.

Tanto en el Oriente de esta capital como en Manhattan, quien esto escribe tuvo la oportunidad de ver a Bowie, entrevistarlo y hasta tomarse una foto con el Dorian Grey de la música anglo, alguien que siempre supo cruzar los pantanos del “mainstream” y lo “avant garde” sin manchar su plumaje, ya fuera como cantante, actor, productor, icono de la moda o pintor.

DE TOUR CULTURAL
El 23 de octubre de 1997, el músico británico debutaría a sus 50 años ante el público mexicano en el foro de espectáculos anteriormente conocido como Autódromo Hermanos Rodríguez y, además, aprovecharía su visita para trazar un recorrido cultural por el Estado de México, el Centro Histórico y Coyoacán, y así conocer, respectivamente, la Zona Arqueológica de Teotihuacán, el Palacio de Bellas Artes y el Museo Frida Kahlo.

bowieteotihuacanfernandoaceves1gale110116_gEn aquella ocasión, el otrora locutor de radio Martín Hernández, hoy especialista en audio de películas y nominado al Oscar por “Birdman”, me dijo que ver a Bowie en concierto en nuestro país equivalía a admirar el “David”, la renacentista escultura de Miguel Ángel, pues no era otro cantante más sino la encarnación de una obra de arte. Para algunos tal afirmación parecería exagerada, pero lo cierto es que cada vez que el visionario artista pisaba el escenario ya fuera con parafernalia o tan solo una media docena de “vari-lites” (luces robóticas) era todo un acontecimiento más allá del plano musical.

En sus turísticos afanes el arte no podía está exento de su itinerario, incluso en un día libre previo a su “performance” que aprovechó al máximo para maravillarse con las Pirámides de Teotihuacán, los murales de Diego Rivera y la Casa Azul de Frida.

Una de las imágenes más representativas de aquella ocasión es la de Bowie ante el “Hombre Controlador del Universo”, de Rivera, como si incluso fuera parte del imponente mural, gracias a la oportuna lente del prestigioso fotógrafo Fernando Aceves, quien en el recorrido capturó instantáneas para la posteridad.

LOS GENIOS NUNCA MUEREN
Tras el exclusivo recital en la gran Babilonia de Manhattan, donde por cierto me topé de frente con el ya también fallecido Lou Reed entre los asistentes, mientras circulaba por el lugar con mi cámara fotográfica, al final me presenté al “meet and greet”, esa convivencia privada donde solo hay tiempo para susurrar un “Hello”, apresurar un “Goodbye” y apenas escuchar un fugaz click para la foto del recuerdo.

bowieteotihuacanfernandoaceves2gale110116_gEn enero de 2000, por fin se dio la entrevista con Bowie -pactada para ser publicada en el suplemento cultural del diario “Reforma”-, con 20 minutos vía telefónica desde Londres, en una charla donde también participó mi compañero Andrés Tapia, acerca del futuro, un tema favorito para el artista cuyo reloj biológico operaba con las manecillas al revés, y obviamente de la inexorable llegada de la muerte.

– ¿Te sientes un extraterrestre?
– No, ya no más. Me siento muy cómodo en este tiempo, me he sentido muy a gusto en los últimos 10 ó 12 años.

– ¿Por qué en tu carrera has apostado por el futuro?
– El futuro es algo que nadie conoce ni conocerá, es un lugar extraño y oscuro.

– ¿Cómo te gustaría que muriera David Bowie?
– Aún no estoy listo para morir (y no reprime emitir una carcajada de sonido cavernoso); eso es lo que se leería en mi epitafio.

– ¿Has pensado en el final?
– Me sorprende cada mañana que abro los ojos, me sorprende que esa persona se levante por las mañanas y que este ser sea David Bowie.

El autor (a la derecha) con David Bowie, en el Kit Kat Club de NY en 1999.
El autor (a la derecha) con David Bowie, en el Kit Kat Club de NY en 1999.

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