POR EDUARDO MARTÍNEZ SOTO ALESSI
Fotos: René Ramírez

Después de trabajar varios años para un estudio de cine, una de las cosas que la gente más me pregunta es si tuve anécdotas “con los famosos”. Y la respuesta es sí, a lo largo de los años tuve la fortuna de poder acumular una gran cantidad de historias, pero sin duda una de las más singulares fue la de la visita de Anthony Hopkins a México, en febrero de 2011.

A lo largo de mi carrera conviví dos veces con Hopkins; la primera fue como periodista, por sólo unos minutos en 2002, cuando lo entrevisté por Red Dragon, la tercera película de la trilogía de Hannibal Lecter. Aquel fue, sin duda, uno de los momentos de mayor nerviosismo en mi entonces corta trayectoria periodística, porque el actor tenía fama de ser muy difícil, al grado de que si alguna pregunta durante una entrevista no le gustaba, en ese momento podía interrumpirla y echar al periodista. Esto especialmente porque en México –y también en otros países- había “reporteros” que se dirigían a él como si fuera el propio Lecter, recetándole preguntas como “¿Y a usted en verdad le gusta comer carne humana?”, ofreciéndole alguna parte de su cuerpo para que lo masticara o pidiéndole la receta de los “Sesos a la Ray Liotta” (¡y eso que aún no existían los YouTubers!). Afortunadamente, en aquella ocasión salí bien librado e hice una entrevista muy decorosa que se publicó en EsMas.com.

La segunda vez fue en circunstancias totalmente diferentes: Warner Bros. Pictures, en donde yo trabajaba como publicista, lo invitó a visitar México como parte de la promoción de la película El Rito, junto con la actriz brasileña Alice Braga, el actor irlandés Colin O’Donoghue y el director sueco Mikael Håfström. Desde el momento en que nos lo anunciaron los nervios estaban a flor de piel, porque seríamos anfitriones no sólo de un Sir británico, sino de un verdadero ícono del cine mundial y un ganador del Oscar.

Y es que cuando estás del lado del estudio, la visita de un actor siempre significa una gran cantidad de trabajo, responsabilidad y muchos nervios, pero la visita de él, en particular, implicaba un doble esfuerzo porque nada -absolutamente nada- podía salir mal, especialmente por su fama de exigente de la que todos teníamos referencia.

Al fin llegó el día. Aún recuerdo lo imponente –y hasta escalofriante- que fue verlo a los ojos después de que descendiera por la escalinata del avión privado en el que viajó, para después extenderle la mano y darle la bienvenida. Tenía frente a mí al intérprete del mismísimo Hannibal Lecter, uno de los personajes más perturbados de la pantalla grande, quien en ese momento me saludaba por mi nombre.

Partimos al hotel rumbo a lo que serían tres días de mucho trabajo, que incluía dos jornadas de entrevistas, algunos meet & greets, una premiere con alfombra roja y una visita en vivo al noticiario de Joaquín López-Dóriga.

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A pesar de los prejuicios y la mala fama que precedían a Hopkins, desde el momento en que empezamos a convivir con él nos sorprendimos de encontrarnos con una gran persona. El “monstruo” del que nos habían hablado no era tal, e incluso puedo afirmar que fue uno de los actores más sencillos que conocí durante 15 años de carrera en el mundo del entretenimiento.

Para su primera noche en México preparamos dos actividades: La primera era una cena en el Museo Frida Kahlo de Coyoacán y, la segunda, la ya mencionada entrevista con López-Dóriga. Para la cena, el equipo de WB consiguió negociar la apertura del museo durante la noche, con un tour privado para él y el resto del elenco, en el que conocieron cada rincón de la famosa casa azul de Coyoacán. Al terminar el recorrido, los esperaba una cena a cargo del chef Daniel Ovadía, quien había cocinado y preparado un montaje espectacular en el patio central del museo.

Todo iba perfecto y la cena no pudo ser mejor. Hopkins, incluso, le aplaudió de pie a Ovadía por la cena que le había preparado -y seguramente también por no haber intentado “hacerse el chistoso” con algún platillo como sesos o moronga. Pero muy a pesar del actor, tuvimos que dejar al resto del grupo disfrutando la sobremesa y emprendimos el camino hacia Televisa Chapultepec.

CON EL DIABLO EN CASA

Para explicar bien lo que sucedería minutos después, es importante comentar el contexto: Para hacer una entrevista, Warner Bros. (como cualquier otro estudio) pone como requisito básico que el entrevistador haya visto la película en cuestión. De hecho, esto no es algo exclusivo del cine; las reglas básicas del periodismo dictan que cualquier entrevistador tenga todo el contexto posible del tema que va a tratar en una entrevista.

Sin embargo, por un tema de agendas y de disponibilidad de horarios, fue muy difícil lograr cuadrar que López-Dóriga viera El Rito antes de hacer la entrevista, por lo que se pidió una aprobación especial en la que Hopkins y el estudio autorizaban que se llevara a cabo bajo esas circunstancias, y en el entendido de que sería una entrevista más enfocada a la carrera de Hopkins, y no solamente de la película. No era lo ideal, pero era una gran oportunidad para que nuestro actor hablara de su más reciente filme en televisión nacional.

Ya en el estudio, López-Dóriga recién había empezado su noticiario. En el primer corte comercial se acercó a saludarnos, le dio la bienvenida a su invitado y pidió que lo prepararan para entrar al aire más adelante. La preparación -además de fotos y autógrafos para toda la producción- incluía un poco de maquillaje, prueba de micrófono y la colocación de un “chícharo” (el audífono intraural que se usa en televisión) en el que Hopkins escucharía la traducción simultánea al inglés de las preguntas de su entrevistador. Personalmente me aseguré, junto con alguien de la producción, que el micrófono y el chícharo funcionaran correctamente; hicimos pruebas fuera del aire y el actor escuchaba perfectamente a la traductora del estudio.

Llegó el momento de la entrevista.  Yo no podía estar más contento de haber logrado aquello porque nos garantizaba una enorme promoción para la película. Además, la entrevista se había anunciado con anticipación tanto en el noticiario como en las redes sociales de El Teacher, así que sabíamos que una gran cantidad de gente estaría pendiente y viéndolo.

Picture1López-Dóriga entró al aire, dio una pequeña semblanza de su invitado y entonces lanzó la primera pregunta: “¿Por qué esta película, El Rito?”. Anthony Hopkins se le quedó viendo sin decir nada; después volteó a su izquierda, en donde yo me encontraba parado a sólo unos metros de distancia y, al no encontrar explicación, expresó en voz baja: “I can’t hear” (“no escucho”). Joaquín se dio cuenta de que algo pasaba y fue cuando decidió usar su inglés para inmortalizar un penoso, pero divertidísimo momento de la televisión: “¿Juay this film. Juay de Rito?”

Sabíamos que algo estaba pasando, pero no entendíamos la gravedad de lo que sucedía a nivel técnico. Hopkins respondió a esa extraña y ahora tan famosa pregunta y López-Dóriga lanzó la segunda. Siguieron segundos de silencio que parecieron eternos; el actor no escuchaba nada en el chícharo y no sabía por qué, mientras que López-Dóriga seguía haciéndole preguntas sin darse cuenta de que su entrevistado no tenía idea de lo que él le decía.

Picture2Para ese momento, quienes estábamos en el estudio entendimos cuál era el problema y tratamos de reaccionar como pudimos. La producción corría desesperada buscando otro chícharo; alguien del equipo de WB fue de inmediato por una de las traductoras para sentarla al lado del actor, yo le suplicaba a un técnico que hiciera algo para arreglar el audífono… y al aire el Teacher se iba desencajando cada vez más, haciendo preguntas en el inglés que él podía, pero sabiendo que aquello tan grave estaba sucediendo en vivo y en televisión nacional.

Cada vez que veo el video de esa entrevista me suceden dos cosas: Por un lado, vuelvo a sufrir involuntariamente con la incomodidad de lo que sucedió al aire y, por otro, recuerdo cómo en aquel momento pensé que mis horas en Warner estaban contadas, consciente de que una de las entrevistas con mayor audiencia y expectativa, con uno de los actores más importantes con los que jamás habíamos trabajado, estaba convirtiéndose en un auténtico desastre frente a mis ojos.

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Un técnico intenta arreglar el receptor del “chícharo” de Hopkins.

Nunca sabremos qué pasó en realidad; si al chícharo se le acabó la batería o si tal vez Hopkins golpeó el transmisor con el brazo de la silla en el momento de sentarse. El caso es que en los oídos del actor no había audio y tampoco había buen inglés. Después de casi cinco incómodos minutos al aire, Joaquín decidió hacer un corte para correr el trailer de la película. Yo estaba seguro de que, en ese momento, de sus ojos saldrían chorros de fuego que harían arder a toda la producción; sin embargo, el periodista se mantuvo ecuánime ante los ojos de su invitado y para su tranquilidad –y la de todos nosotros-, uno de los técnicos reemplazó aquel chícharo por otro que sí funcionaba, aunque eso significara correr el trailer de la cinta por segunda vez, antes de seguir con varios minutos más de entrevista. En términos de mercadotecnia, tener los avances de una película corriendo en horario estelar y a nivel nacional es algo impensable, especialmente cuando no es una, sino ¡dos veces!

Pero debo admitir que el verdadero crédito para evitar que aquello fuera un desastre mayor, fue para Hopkins, quien venía de tan buen humor después de su cena que se lo tomó con toda calma y humor, y colaboró para tratar de sacar adelante la entrevista a pesar de las circunstancias.

La entrevista terminó después de casi 13 minutos al aire. Joaquín se disculpó por lo ocurrido, se hicieron las obligadas fotos y nos despedimos de técnicos y productores quienes, a pesar de mostrar su mejor sonrisa, sabían que en cuanto nos hubiéramos ido, sería López-Dóriga quien seguramente iba a necesitar un rito de exorcismo.

Ya en la camioneta, mientras yo trataba de ofrecerle una explicación sensata a Sir Hopkins, éste se rió y me dijo: “Don’t worry, that was just one of the most awkward moments of my career. I just hope no one will get fired because of me” (“No te preocupes, ese sólo fue uno de los momentos más extraños de mi carrera, sólo espero que no vayan a despedir a nadie por mi culpa”), y probablemente al día siguiente se olvidaría de todo lo ocurrido.

Pero en las redes aquello apenas empezaba. Nadie imaginó lo que sucedería en las siguientes horas, días (y meses) cuando #JuayDeRito se convirtió en uno de los trending topic más cagados que hemos visto los mexicanos. En YouTube había decenas de versiones, remixes y ediciones de JuayDeRito, se hicieron camisetas, calcomanías y hasta un CD… De pronto, algo que podría haber salido terriblemente mal, dio un giro completo y jugaba a nuestro favor. El resultado fue impagable: Primer lugar de taquilla para El Rito y boletos agotados durante su fin de semana de estreno. Si hubiéramos intentado planearlo, no habría salido tan bien.

Mención aparte merece López-Dóriga, a quien puede amársele u odiársele, pero estoy seguro que la mayoría coincidirá conmigo en que, como buen fan de las redes sociales, manejó aquello como un verdadero maestro y, en lugar de cavar su propia tumba, se sumó al cotorreo y lo tomó con muy buen humor, dejándose “trollear” durísimo por la gente y riéndose de sí mismo por semanas.

VILLANO DE SANGRE AZUL

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Anthony Hopkins en la premiere y alfombra negra de El Rito, en la Ciudad de México.

Los días siguientes transcurrieron muy bien, el actor dio muchísimas entrevistas y protagonizó una alfombra negra espectacular, además de tomarse el tiempo para salir por la ciudad para buscar algunos artículos que le interesaban. Extrañamente, una tarde nos pidió que lo dejáramos salir de compras solo, sin que nadie del equipo lo acompañara; a pesar de lo extraño de su petición, le asignamos un equipo de seguridad y le dimos su privacidad.

Al regresar de su shopping chilango y por tratarse del último día de su visita, nos pidió que reserváramos una mesa para cenar en el jardín del hotel en el que estaba hospedado y que invitáramos a toda la gente del equipo que había estado involucrada en su visita. Así lo hicimos, y al confirmarle que todo estaba listo, nos advirtió que esa cena la pagaría él de manera personal. La petición era inaceptable, ya que en este tipo de visitas todos los gastos corren a cargo del estudio, pero él insistió y nos explicó que era la única manera que tenía de agradecernos por nuestro trabajo.

Ya relajados y con la mayor parte de la chamba terminada, disfrutamos como nunca de aquella cena, de la plática y las numerosas anécdotas de Hopkins. Al terminar, se puso de pie y sonó su copa para hacer un brindis en el que agradeció a todos por lo hecho en los últimos días. Al terminar, nos pidió a mis dos jefes y a mí que nos acercáramos y, de abajo de la mesa, sacó tres regalos, uno para cada uno, como agradecimiento especial.

“I chose them myself” (“yo mismo los escogí”), nos dijo. Lo abrí. No podía creer que Sir Anthony Hopkins me acababa de regalar una corbata de diseño mexicano, escogida personalmente durante su escapada para hacer compras a escondidas. Esa corbata sigue siendo una de mis favoritas y hasta  la considero una especie de amuleto que utilizo siempre en ocasiones especiales.

_MG_0283Al día siguiente emprendimos el camino hacia el aeropuerto de Toluca. Al llegar al avión hicimos todos los trámites para que Hopkins y el resto del elenco abordaran. Él había comprado algunas cosas de pintura que quería llevar consigo a bordo del avión, por lo que me pidió que le ayudara a cargarlas. Subí con él hasta su asiento, acomodamos todo y le ofrecí la mano para despedirnos. Él me jaló para darme un fuerte abrazo y una de esas cachetadas cariñosas, como las que dan los abuelos, y me dijo: “Thank you for your hard work. You’ve made me famous” (“Gracias por tu trabajo. Me hiciste famoso”).

En sólo unos días, Sir Anthony Hopkins no sólo me acababa de regalar grandes experiencias laborales y personales, sino que también me había demostrado que la mejor prueba de la grandeza de un hombre, consiste en su humildad.

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¿Cómo olvidar este gran momento en la televisión mexicana?

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