POR ARTURO AGUILAR

Estoy hasta la madre de la fama. Sí. Entre el afán protagónico de una joven generación que vive obsesionada por mostrarse como la protagonista de todo lo interesante del mundo y un contexto mediático que hace de buena parte del gremio un colectivo arribista enfermizamente interesado en sentirse parte de las historias, cuates de los entrevistados.

Creo que es un privilegio que la labor de periodistas nos acerque a conocer gente cuyo perfil los hace vivir una realidad totalmente distinta a la del resto, con millones siguiendo lo que hacen y dicen, viendo sus películas o series de televisión, escuchando sus discos, leyendo sus libros, discutiendo de sus ideas.

Comulgo con la frase de Gabriel García Márquez que dice que “esta es la profesión más hermosa del mundo”. Creo firmemente que nuestra labor es una mezcla entre traductores, divulgadores, puentes y enlaces entre el trabajo artístico o intelectual de alguien y un público que puede encontrar en estas experiencias, muchas veces, algo más que entretenimiento.

Es innegable que se disfruta enormemente el poder viajar y conocer a estos personajes, escucharlos responder nuestras preguntas por 10 minutos o 1 hora, seguir su conversación con una libreta con preguntas apuntadas a un lado mientras se pone atención a si algo de lo que dice puede llevar a algo más interesante, si hay algo en lo que vale la pena buscar profundizar a partir de sus palabras o ideas.

Lo que dicen es el centro de las historias, lo que al final buscamos compartir.

La razón por la que nos vemos sentados ahí, frente a un ganador de un Oscar o la ‘ganadora’ de un Nobel de la Paz o un escritor, es porque nuestro rol como periodistas nos pone en esa silla.

¡¿Entonces por qué chingados tanta gente quiere tomar el rol de sujeto de la oración, de protagonista de la historia o siente la necesidad de convertirse en fan, pedir una foto, o decir que por pasar 20 minutos en entrevistas cada par de años un director ya es un gran cuate y ya lo quieres felicitar como si fuera tu familia si gana un premio?!

Entiendo el contexto de la era de las redes sociales, donde la dinámica misma es crear una historia, una narración, sobre la vida de uno, que resulta siempre atractiva y parezca la entrega digital de una envidiable serie digna de HBO. Entiendo la utilidad y necesidad del establecimiento de una charla más directa entre periodista y lectores-audiencia y que compartir otras experiencias y momentos más personales permiten una empatía y cercanía mayor.

Pero creo que ya nos estamos pasando con el asunto del protagonismo.

No entiendo esta enajenación masiva por cualquier nivel de reconocimiento público sobre cada acto de nuestras vidas personales o profesionales.

Para mi mala suerte, la era de las redes sociales han convertido a una gran mayoría de los humanos en seres deseosos de ser los centros protagónicos de toda historia.

Twitter y Facebook preguntan qué haces, qué piensas. La mayoría de las fotos de cualquier red social son selfies, imágenes que muestran un ensimismamiento total, y una crónica que quiere vender la idea de que se vive una novela de aventuras o de romance o de superación o de algo así.

¿En qué momento hasta los periodistas acabaron/acabamos en ese terreno?

Me gusta que mi trabajo me pone en posición de hablar de lo que hacen otros, de poner esos temas de conversación en un texto o un video e invitar a otros a sumarse en esas reflexiones, descubrimientos, ideas o introspecciones.

A finales del año pasado, en una entrevista con el elenco de la película Inherent Vice (P.T. Anderson, 2014), el actor Joaquin Phoenix pasó 45 de los 50 minutos de charla respondiendo cada pregunta que se le lanzaba con monosílabos. Literal.

Resultaba particularmente curioso que alguien en una entrevista para hablar de una película por estrenarse no quisiera hablar de su trabajo.

Esa fue la última pregunta de la tarde. Y la única que respondió.

Phoenix dijo que no le gustaba hablar de su trabajo, de cómo lo hizo y cómo se sintió, lo que pensaba, cuando el tema real era la historia de la película, la reflexión detrás del libro en el que está basada, etc. Sabía que las preguntas hechas provocarían que los artículos fueran por un camino distinto al que le interesaba, y por eso se mantuvo casi todo el tiempo con respuestas como Sí, No, Bien.

Aunque no ayudaba mucho para el texto que tendría que preparar y entregar unas semanas después, lo entendí y respeté por la postura.

A veces se nos olvida que lo interesante de muchas charlas está en otra parte distinta a la conjugación de la primera persona del singular.

A veces hay que aprender a callarse y contar lo que otros hacen y piensan sin ponernos en la historia. El periodismo es eso. Poner atención a lo que nos rodea y compartirlo. A muchos se les olvida últimamente.

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